Braulio Merino: Conflictividad social va en aumento y gobierno juega a la candelita

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El miembro de la dirección regional de Primero Justicia en el estado Bolívar Braulio Merino, alertó este miércoles sobre el incremento de la conflictividad social, producto de la ausencia absoluta de políticas públicas tendientes a resolver los problemas que aquejan a los venezolanos y advirtió que el gobierno nacional, lejos de apaciguar los ánimos “está jugando a la candelita”, tras aseverar que “este juego se ha convertido en una política de Estado”.

“Estamos viviendo una situación sumamente peligrosa. La conflictividad social va en aumento y la convivencia ciudadana es prácticamente insostenible. ¿Por qué? Porque los venezolanos estamos sobreviviendo y ante un escenario de supervivencia, los valores de solidaridad, entendimiento y tolerancia se relajan hasta perderse por completo. Y este comportamiento responde al elevado grado de ingobernabilidad”, explicó el también economista de profesión.

Merino apuntó que no puede haber solidaridad con el más necesitado, cuando un individuo no es capaz de garantizar el sustento de su propio núcleo familiar. Este martes, por ejemplo, el Centro de Documentación y Análisis de los Trabajadores (Cenda), informó que la Canasta Básica Alimentaria correspondiente al mes de diciembre de 2016, cerró en Bs. 565.367,99, registrando un incremento de Bs. 69.052,75 (equivalente a 13,9%), con respecto al mes de noviembre. El salario mínimo vigente al 31 de diciembre era de Bs. 27.092,10, es decir que una familia necesitaría devengar por lo menos 20 salarios mínimos para cubrir sus necesidades básicas. Dos salarios mínimos de entonces equivalentes a Bs. 54.184,20, cubrían apenas 9,6% de la canasta básica.

Ante un panorama tan desolador, resulta “normal” que la sociedad venezolana haya caído en un estado de anomia, entendida ésta como el aislamiento del individuo a consecuencia de la falta de normas sociales o la incongruencia entre ellas y su aplicación.

El dirigente justiciero explicó que la anomia se torna “común” en sociedades que experimentan cambios importantes en su economía. “Venezuela tiene tres años consecutivos con cifras en rojo. Estamos en la fase de estanflación (que es estancamiento de la economía con inflación) y rumbo a la hiperinflación si no se toman los correctivos necesarios. Vamos tan mal, que el problema de inseguridad, que nos ubica como uno de los países más violentos del mundo, fue desplazado a un segundo plano cuando se consulta a los venezolanos cuál es el problema que más le afecta. En primer lugar, responden escasez e inflación”.

Se justifica el aislamiento del individuo cuando a diario es sometido a interminables colas para adquirir productos de primera necesidad; cuando debe invertir horas para recorrer centros de abastecimiento de alimentos; cuando no puede pagar los precios de rubros tan esenciales como la harina de maíz precocida, el arroz, la leche en polvo, aceite, azúcar, carne, pollo, huevos, pasta, mantequilla y pan, entre otros, porque el salario no le alcanza; cuando además debe sacarse un carnet para poder tener acceso a los alimentos, bajo amenaza de no recibirlos si no se registra, porque además el gobierno tiene el monopolio de la importación, distribución y comercialización; cuando no consigue los medicamentos; cuando no recibe atención básica en ambulatorios y otros centros asistenciales adscritos al servicio de salud pública; cuando llega a su casa y encuentra que hay racionamiento eléctrico y además de agua potable; y cuando debe imponerse un toque de queda para evitar ser víctima del hampa común o del hampa organizada.

“Imagínense la carga que a diario experimentan todos los venezolanos, para que al final de la tarde no sean capaces siquiera de llevar un pan a la mesa. En ese ser atormentado hay rabia, dolor, frustración e impotencia, sentimientos que se van acumulando e incrementando en la medida en que los voceros del gobierno dicen que aquí no pasa nada. Hay un choque entre lo que se dice y la realidad, hay una brecha entre la ideología gubernamental y la práctica del día a día”, explicó.

Merino cree que la anomia es promovida por el propio gobierno. “Ellos necesitan desmoralizar a los venezolanos al 100% para mantener el control absoluto” y advirtió que esa situación se está convirtiendo en un arma de doble filo porque la conflictividad social va in crescendo. “Hay protestas por doquier, trabajadores de todos los sectores claman por mejoras contractuales y pagos de deudas tan elementales como sueldos y salarios y tickets de alimentación; venezolanos que no han podido cobrar en meses después que el gobierno confiscó galpones y mercancías y congeló cuentas de empresas de juguetes y ropa para niños; comunidades enteras que manifiestan a diario por la escasez de comida y medicamentos, inseguridad y fallas constantes en el suministro de servicios básicos como electricidad y agua potable”.

A su parecer, hay demasiados funcionarios incapaces al frente de puestos claves para resolver la crisis socioeconómica que nos envuelve. “Hay un menoscabo de los valores en Venezuela porque las reglas no se cumplen y eso conlleva a una desorganización social. Aquí los funcionarios públicos que ‘chapean’ para todo, el malandro, el que se la da de vivo, se sienten con autoridad para transgredir las normas, sobrepasar los límites, hacer lo que les da la gana, porque existe total impunidad, porque desde el gobierno central se fomenta el malandreo, el resentimiento, el incumplimiento de las normas, se premia al corrupto y al narcotraficante y siempre se culpa a otros de los propios errores. Ese es el jueguito del gobierno: desmoralizar a toda una sociedad fomentando la anomia a partir de la violación de la propia Constitución y las leyes”.

Señaló que ese accionar mantiene al país “en tres y dos. Estamos al filo de la navaja, insisto, en cualquier momento esa conflictividad social que hoy fomentan se les puede revertir”, concluyó citando a Séneca: “Las leyes no sirven para nada, porque los hombres buenos no las necesitan y los malos no las cumplen”.

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