El campo no es oficina (I)

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Según la legislación laboral vigente en Venezuela, “el trabajo tiene como fin superar la explotación capitalista y garantizar la independencia y soberanía”. Nada dice del trabajo como fuente digna del pan de cada día, ni que cada quien tiene que ganárselo. La mitad o más del año en Venezuela no se trabaja con días feriados y no laborables por montón a los que se añaden los regalados de la demagogia y populismo acostumbrados. En cuanto al meollo laboral, muchos derechos y pocas obligaciones para los trabajadores y muchas obligaciones sin casi derechos para los patronos.

En el caso del trabajo y el trabajador rural, la legislación laboral bien califica de antiagrícola, al asumir las tareas del campo como de oficina, comercio o industria citadina. Olvidó que son el sol del amanecer y el kikirikí del gallo y no el reloj quienes dictan el inicio de las labores. Que las vacas se ordeñan con la fresca de la madrugada y luego a mitad de la tarde; y que vaquerías, siembra y cosecha son labores intensas sin manguareo. En consecuencia cumpliendo las normativas de ley, en muchas fincas ni planeando las jornadas por turnos pueden realizarse y con continuidad las labores.

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