El impacto de las colas

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La historia da cuenta que las sociedades sufren transformaciones en su conducta como consecuencia de hambrunas, escasez en la producción de alimentos y persecuciones realizadas por otros pueblos más fuertes. La arqueología ha demostrado que algunas civilizaciones ubicadas al sur de Méjico abandonaron esos lugares debido al empobrecimiento de las tierras que les proporcionaban el sustento.
En Venezuela estamos viendo cambios de conducta en una sociedad que está presionada por las circunstancias económicas y sociales. Para el ser humano o para cualquier ser viviente es prioritario el sobrevivir. Son muchos los excluidos del bienestar social. Son muchos los que sienten la necesidad de cambiar su modo de vida y quizás desean una oportunidad de modificar su situación por medio del estudio.
Es innegable que las colas obligadas que hacen las gentes, con el fin de resolver sus problemas de vivencia, han tenido un impacto sobre los individuos y los diferentes sectores que hacen vida en esta martirizada sociedad.
Parece mentira que la culpa de tal situación provenga de los mismos seres humanos. Ellos establecen las colas y algunas veces ellos mismos las sufren. Y los que no las sufren las promocionan y no con un fin basado en el bien común. Quienes forman la cola se comportan en forma variada: unos se divierten, bien porque han tenido la oportunidad de huir de una situación de aislamiento en que se encuentren; o bien porque tienen la ocasión de adquirir productos para revender y formar su pequeño negocio. Otro grupo se siente frustrado y maldice la situación en que se encuentra para poder adquirir alimentos de la cesta básica que le permitan sobrevivir. Son gentes, en su mayoría de la tercera edad o enfermos casi incapaces de pasar horas y horas en esa penitencia. De las necesidades o intereses de los individuos se han formado diferentes ocupaciones: el que anda buscando una oportunidad de obtener productos para revender y lo hace a precios astronómicos; el que monta su bodega con esos productos: el que “bachaquea”, dentro y fuera del país; “el cuidador de colas”, que cobra a otra persona por hacerle la cola. Es decir, se van formando ocupaciones diversas.
Esta situación ha obligado a las autoridades a tomar medidas que a veces llegan a la ridiculez o a la falta de sentido común para aplicarlas. Como por ejemplo quitar a una pobre mujer un kilo de azúcar o detener a una persona que viaja, al otro lado de la frontera, en su carro para sacarle un poco de gasolina al vehículo. Y mientras tanto el problema subsiste, porque el hambre o el deseo de hacer dinero no se pueden contener.
Si algún gobernante intentase a como diera lugar acabar con ese cúmulo de hechos que ocurren en el país podrían ocurrirle dos cosas. O se muere de rabia como el azulejo adulto recién enjaulado o termina por aplicar medidas inhumanas. De ninguna manera lo conseguiría.
Hacer colas se ha convertido en una especie de enfermedad endémica que parece institucionalizarse. Pues existen en todo y para todo. Veamos lo que pasa en los bancos. El asunto es tan grave que hay lo que han llamado “tiempo bancario”, o sea que los motorizados o personas que van a efectuar el servicio de depósitos de dinero u otros menesteres para una empresa, en un banco, cobran el servicio por el tiempo que están en la cola. Por otra parte, los bancos obligan a los usuarios a realizar variadas operaciones por los cajeros automáticos, pues se niegan a efectuarlo por las taquillas.

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