¿Haciendo el bobo?

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El apelativo de Boba, a la primera intentona de república en Venezuela e Hispanoamérica, le viene como un sinónimo de cándida, no de estúpida. En el imaginario histórico, sobre todo el bolivariano, representa el error fatal de no haber sido más radicales contra el enemigo. La solución opuesta fue la Guerra a Muerte. Lo curioso es que 200 años después, seguimos glorificando los conflictos mortales como solución.

Vivimos, en Venezuela y toda Hispanoamérica -cuidado si no en todo el mundo-, atrapados en una cosmovisión gloriosa y militarista de la patria. Rubén Blades, en una canción muy bonita que a mí no me gusta para nada, alude a otra visión de patria, la nostálgica, la de amores atávicos. Podemos agregar otra perspectiva, igualmente melosa, la del amor a la patria donde nacen los hijos: es la patria del inmigrante; y mira que hay muchos en el planeta. Patria también quiere ser una idiosincrasia, un espíritu que identifica y determina a seres que están dentro de un mismo espacio limitado, generalmente, por el espacio de otra patria vecina. Pero la patria, finalmente, no puede dejar de significar algo muy terrenal que es la propiedad de un territorio. Y he ahí la clave de la trampita para que nos vean la cara de bobos.

¿QUIÉN ES EL PROPIETARIO?

Desmond Morris advertía que de todos los mamíferos agresivos, los únicos que no tenían a sus líderes en la vanguardia del combate -contra otras tribus o especies- eran los humanos. A diferencia del resto, los machos -y en algunos casos las hembras- alfa humanos se quedan a buen resguardo y envían a los más jóvenes a matarse para defender pedazos de tierra. ¿Será que no se nos ha quitado lo bobo?

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