“Nosotros no estamos aquí para hablar de protestas”. El presidente de Sidor Carlos D’Oliveira le salía al paso a las preguntas de los periodistas sobre la paralización de equipos móviles de la Siderúrgica por las malas condiciones de trabajo.
D’Oliveira estaba recibiendo 12 payloaders en un convenido tripartito entre la empresa, Venequip y Caterpillar. A su lado, el presidente de Sutiss, José Luís Hernández, estaba hombro a hombro repartiéndose responsabilidades en un acuerdo que llega para beneficiar a siderúrgicos y empresa.
La meta son 3,7 millones de toneladas de acero para este año, pero con cada paralización se van restando cifras a los números que daban a finales de año.
Pero hablar de las protestas no es una de sus prioridades. El representante de Sutiss ha sido blanco de críticas de estar “pactando con el patrono”, olvidándose de los trabajadores.
José Acarigua, secretario de finanzas de Sutiss, ha sido uno que más ha señalado la actitud del representante de los trabajadores en las protestas que no se han detenido en la empresa. A todo esto se une un sindicato dividido que empaña la búsqueda de beneficios para más de 12.000 trabajadores.
Hernández se mantiene tranquilo. En el encuentro con la prensa volvió a anunciar que está buscando una jubilación digna, una de sus promesas en plena campaña sindical.
“Yo estoy trabajando para todos estos beneficios, conseguimos los payloaders y vamos por más”.
Mientras tanto, en el portón I de la empresa, una inmensa bandera detiene la entrada de los vehículos. Acostados en un piso de tierra, dos trabajadores continúan en una huelga de hambre que no ha dado fruto. Los trabajadores de EPS Tubos Sin Costura afirman que no tienen ningún sindicato y que están en defensa para que la obra se concluya de una vez por todas, y para detener los despidos masivos.
Alcasa en cadenas
El pago de las prestaciones sociales a cuatro trabajadores que se habían encadenado desde el martes en el edificio administrativo surtió el efecto que ya había anunciado el secretario general de Alcasa, Henry Arias.
En vez de detener las protestas, todos los días se van sumando más trabajadores que esperan tomar las acciones con resultados idénticos. Pero las reuniones que se han dado con el presidente de Alcasa, Elio Sayago, apuntan a una realidad que no es secreto en la empresa del aluminio.
Sayago se ha estado movilizando para pedir préstamos con resultados desalentadores.
El dinero va a llegar, pero a cuentagotas. Las posibilidades que se detenga la cadena de reclamos con el depósito de las prestaciones se vislumbra como un hecho aislado.
Arias informó que son más 1.800 trabajadores que esperan sus utilidades. Anunció que los jubilados y pensionados se sumarán a la protesta.