A mí tampoco

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El ex presidente uruguayo José Mujica, conocido popularmente como Pepe, fue guerrillero del Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros, que con las armas enfrentó las dictaduras cívico-militares del Uruguay, que lo hirieron de seis balazos en una ocasión y lo tuvieron preso durante 15 años (no dos años con privilegios como Chávez). Ante la pregunta sobre la prisión de Ledezma, Mujica contestó que no le gustaban los presos, con lo cual dijo mucho de sus convicciones libertarias, lejanas del autoritarismo y la represión que vivimos en Venezuela, dignas de un luchador de años contra gobiernos cercanos al fascismo, con estatura moral para decirlo, pues su valía no es producto de una aventura golpista, ni de una propaganda manipuladora ni de un fajo de billetes, sino de haber luchado y sufrido en un país que vivió durante largo tiempo en estado de sitio.

«No me gustan los presos» fue la oración, aunque no necesariamente textual, de Pepe Mujica, amigo, aliado y defensor del gobierno de Maduro. También dijo que parte de la oposición era golpista, lo cual no debería ser un secreto para nadie, por lo menos desde el golpe de Carmona en 2002. Como para nadie debería ser un secreto que Chávez fue un golpista, como Grúber Odremán y Visconti, como Pérez Jiménez, como Rómulo Betancourt, considerado por algunos como padre de la democracia venezolana, por su papel en instaurar el voto directo, universal y secreto en el país en 1947. Pero todos ellos animados por la ambición de tomar el poder político, que no tiene relación real con el desempeño posterior luego de ser alcanzado por los exitosos.

A mí tampoco me gustan los presos. Su existencia es al final un fracaso de la sociedad humana. En los delitos políticos porque no pudo mantener sus contradicciones en niveles que no requirieran apresar a nadie; en los delitos comunes porque falló en tener un entramado social de lazos muy fuertes entre sus miembros. Incluso en los delitos de origen genético o mental por no haber avanzado lo suficiente en su comprensión y prevención o curación o por no tener instituciones especializadas para su manejo. Tener presos políticos es una demostración de fracaso gubernamental. Si hubiera éxito, no se estaría tan temeroso de quienes se nos oponen ni de golpes de Estado.