¿Azar, destino o casualidad?

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Las constelaciones planetarias son las que graban y registran todos nuestros sentimientos, pensamientos, sensaciones, palabras y actos, y ellas son por tanto las que determinarán cuando la siembra de una persona determinada comenzará a germinar. Los planetas de registro activados disponen qué tendremos que soportar, cuándo y dónde. El ser humano no está por tanto en manos de la casualidad.

Los planetas de registro no graban lo que fingimos ser, es decir las apariencias externas con las que nos mostramos ante otras personas, con las que queremos engañar a otros y a nosotros mismos. Estos planetas graban al detalle todo aquello que hemos introducido en nuestro comportamiento, es decir lo que ocultamos tras nuestras formas de comportamiento o en ellas. Lo que realmente pensamos y sentimos es lo que queda introducido en la ley causal. Por eso no es Dios quien nos castiga, sino que únicamente nosotros somos los responsables de nuestro destino.

Según este proceso cósmico inalterable y legítimo, las grabaciones de cada uno producirán sus efectos en el momento adecuado, es decir la siembra que brota. Primero puede hacerse notar en nuestro cuerpo, con lo que por ejemplo enfermamos, o con golpes del destino, necesidades, soledad y precariedad. Sobre lo que no hay duda es que nuestra cosecha corresponde con exactitud a nuestra siembra. Nadie recogerá aquello que sembró el vecino, la ley inequívoca de siembra y cosecha nunca falla. Por eso cuida tus pensamientos, palabras y actos, haz el bien también a aquellos que te odian y perdona a tus enemigos, ya lo dijo Jesús de Nazaret hace 2000 años, y Su palabra está siempre vigente, también en la actualidad.