Billetes de Bs 500 y 1000 a la basura de la devaluación

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Ya no son aceptados por los compradores de efectivo en Guayana que actúan en el negocio del oro y por consiguiente, por sus proveedores, focalizados en el transporte público y el comercio, formal e informal.

El desastre inflacionario que hace estragos inauditos en el poder adquisitivo de la población guayanesa y parece indetenible, al que se suma la escasez de dinero efectivo y sus efectos colaterales, visibles en la mutación de nuestro signo monetario en una mercancía negociable y apetecible, que se vende hasta por el triple de su valor nominal, ha llevado hoy día a que los billetes de Bs 500 y 1000, ya quedaron fuera de este paquete permutable.

Con esta nueva situación, en Ciudad Guayana y en todo el estado Bolívar, ya no son aceptados estos billetes por los compradores de efectivo, que como sabemos actúan en el negocio del oro y por consiguiente, por sus proveedores, focalizados en los prestadores  del servicio de transporte público y en el comercio global, especialmente entre los llamados “bachaqueros” y buhoneros del sector informal que pululan en los mercados populares y sus alrededores, donde la compra en efectivo es ventajosamente más rendidora, ya que los precios son notablemente inferiores al pago con dinero plástico, o sea por punto electrónico.

Al pasar a ser basura de la devaluación, los billetes de Bs 500 y 1000 se hacen inservibles para quienes tienen la suerte de lograr efectivo, luego de largas e interminables filas en las entidades bancarias, donde sólo los pensionados y jubilados(en algunos casos), pueden retirar remesas superiores al millón de bolívares, pues los referidos a cuentas particulares, esencialmente usadas para  depósitos de sueldos y salarios de empleados y trabajadores, se limitan a pequeñas cantidades, que a decir de los propios afectados, no alcanza “ni para pagar los pasajes de ida y vuelta de los sitios de trabajo” y se da la particular circunstancia de que les dan efectivo con el viejo cono de Bs 50 y 100 (los duros de matar), que hasta se los rompen en la cara a los desafortunados que pagan consumo con ellos. Nobel Medrano Matos