Bolívar: paraíso de mafias

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La Operación para la liberación y protección del pueblo (OLP) va a tener una tarea dura en el estado Bolívar, por cuanto en esta zona las mafias cada día son más y ejercer mayor control sobre diversos aspectos de la vida diaria en la hermosa región de nuestra querida República Bolivariana de Venezuela.

Desde siempre por ser una zona rica en oro y diamante, cuya explotación al margen de la ley atrae a todo tipo de personas, el estado Bolívar ha sido destino favorito de las mafias, incluyendo las del narcotráfico, que utilizan al río Orinoco, como autopista para sus turbios negocios, con el agravante que llegan a penetrar diversos segmentos de la sociedad, sin descartar a organismos oficiales, a través de funcionarios débiles de principios, que por la tentación del dinero fácil, caen en las redes de la delincuencia organizada.

La protección interesada, ejercida a través de organizaciones delictivas con fachadas legales, como organizaciones sindicales, es uno de los principales males de esta región del país. Basta con pasearse por las ciudades de este estado y observar las paredes de casas en ruinas o de construcciones paradas para evidenciar la «marca de terreno» por las diferentes «familias» de la construcción, que con sus siglas van apartando sus parcelas, con los remoquetes de sus actores, como firma. Las marcas son una clara advertencia, para que nadie se «coma la luz» e intente activar un trabajo sin el permiso de la pandilla que le puso su sello. El que incurra en ese error, se expone a ser víctima del sicariato, cuyos especialistas militan y dirigen en esas fachadas, que someten hasta a los consejos comunales, cuando ejecutan pequeños proyectos comunitarios. En las obras de construcción, estas organizaciones, son las que manejan los cupos de mano de obra, establecen los horarios y los días de la semana que pueden trabajar, porque mientras más dure la obra mejor, pera los pranes, que cobran como fiscales o supervisores de obra y sus salarios no son los de trabajadores comunes. Por eso prohíben las horas extra y el trabajo los fines de semana.

Lo grave de todo esto es que se trata de redes dirigidas por extranjeros, presumiblemente pertenecientes a bandas criminales, que ahora buscan infiltrar a sus agentes en las directivas de los consejos comunales y en las comunas, lo cual puede resultar muy peligroso para el movimiento popular, nacido como herramienta de la revolución bolivariana.

Pero hay que ir más allá del control que ejercen sobre la más mínima obra de construcción en la región, por pequeña que sea; sino que se han extendido a otras áreas, por ejemplo, cuando viajamos hacía el sur del estado, allí están los «Pimpineros del Sur», que controlan el combustible y como las gasolineras ahora tienen horario restringido, el viajero tiene que pagar la gasolina a precio de oro, cuando no alcanza a equipar en el horario vigente.

Más allá de eso está el sector minero, donde también se han metido los sindicatos a controlar toda actividad legal o ilegal que se realice allí en esa tierra de nadie. Incluso personas que a riesgo propio laboran en esa zona, señalan la presunta existencia de fosas, donde entierran a víctimas, que no son reportadas por las autoridades y mucho menos publicadas en la prensa. Allí se ha establecido un «Ayotzinapa» venezolana.

Para colmo de males, hasta los comerciantes caen en las garras de la «Protección interesada», porque si no pagan al vacuna a los «sindicatos», tienen que recurrir a la otra arista del sistema, a funcionarios policiales, que les dan protección a cambio de la vacuna y por eso no es raro ver uniformados, que en vez de andar patrullando en la calle, están dentro de los establecimientos comerciales, sobre todo a la hora de hacer caja, o haciendo depósitos bancarios. Ya esto es vox pópuli y la gente del común , azuzada por la oposición, le hecha la culpa a la revolución bolivariana, aunque estos vicios son tan viejos, como los refranes. Ojalá y la OLP, haga un buen trabajo y no permita que sigamos siendo: Bolívar, paraíso de mafias.