¡Brindemos por ella!

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Iván, un circunspecto ingeniero de sistema, con inusual nerviosismo en él, me cita a un conocido café de Upata, previéndome que el asunto es urgente y que, por nada del mundo le vaya a fallar.

Al llegar al sitio percibo mil alborozos en sus ojos. La fiesta de su espiritualidad anda desatadas en su cuerpo.
Lo acompaña cuando camina, gesticula o ríe.

Conocí a Orneida que, aquí trabaja, dice con orgullo. Los gestos suaves de ella y, su elegancia en todo, me han hecho saber que hay espacios inéditos y, hasta sorprendentes en la vida, que nos hacen vivir con el íntimo goce de una oración perpetua. En ella, todo está en su sitio.

le digo esto, doctor, porque desde que la conocí la vida se me ha llenado de amaneceres con sus aromas y tonalidades múltiples.
¡Ahí viene!

Vea que, cuando camina, tiene los gestos y mimos de una sirena enamorada. Disculpe que le diga éstas cosas que me pasan, mi docto, pero como ando tan desajustado en éstos días, por la luminosidad de Orneida, le cuento que en esta semana he contratado, por separado, a tres secretarias y, a cada una de ellas, al llegar la tarde, y con un sólo día de trabajo, las he despedido.

Siendo eso así, ¿les debo pagar prestaciones sociales, o no? Al escuchar a mi cliente/amigo, me pregunto, qué le habrá pasado a Iván?
Y, desde el baúl de los recuerdos sonoros, una vieja letra de una canción de salsa, me da las claves de Iván.

«si confundes, tu cuerpo con tu alma, es que estás enamorados….es que estás enamorado….». Bueno, Iván, siga viendo amaneceres múltiples, pero ¡prepare, de igual manera, la chequera!

De acuerdo, a la Ley Orgánica del Trabajo, los Trabajadores y Trabajadoras, LOTTT, el derecho del trabajador a percibir las prestaciones sociales, nace desde el instante en que él inició la relación de trabajo.

El artículo 142, ejusdem, indica que el patrono debe hacer un depósito trimestral de las prestaciones sociales, en concepto de garantía de las mismas, calculadas con el salario que devengue el trabajador al final del trimestre y, que, el derecho a ese depósito lo adquiere el laborante al iniciarse el trimestre.

Coherente con ese criterio, dice ese mismo artículo, en su literal «E», que si la relación de trabajo termina antes de los tres primeros meses, el pago que le corresponde al trabajador o trabajadora por concepto de prestaciones sociales será de cinco días de salario por mes trabajado o fracción.

Un día, en los términos de la LOTTT, es una fracción del mes y, por haber laborado esa fracción, las damas despedidas en el relato de Iván, tienen el derecho a percibir cinco días de prestaciones sociales.

A Iván, en su condición de patrono, en teoría, además de lo indicado, esos arranques le pueden salir caros. Si él, a cada una de las damas les había hecho un contrato a tiempo determinado, digamos de tres meses, y las despidió, a cada una, en el primer día de labores, como me lo confesó, ellas tienen derecho al procedimiento de estabilidad laboral y si, en ese escenario, fuesen reenganchadas (eso es lo que manda la ley), y de acuerdo al artículo 83 de la LOTTT, Iván, a cada una de ellas, les debe una indemnización por rescisión de contrato.

Las damas, con el documento de reenganche en las manos, pueden dar por terminada la relación de trabajo, a motu propio, usando la figura del retiro justificado e, Iván, tendría que pagarles, en concepto de indemnización a las damas, los tres meses de salarios y el doble de sus prestaciones sociales.

No habiendo contrato de trabajo a tiempo determinado, Iván sólo tendría que pagarle cinco días de prestaciones sociales a cada una de las damas, y no tendría que pagarle ni utilidades ni vacaciones ni bono vacacional, pues los mismos, para ser exigibles, hay laborar meses completos, no fracciones del mes.

Como ya he venido explicando, la conclusión es que, un día efectivo de trabajo, si genera el pago de prestaciones sociales. Que Orneida, dama de mil encantos, te siga nutriendo tus cimientos sensibles, Iván.

¡Brindemos por ella!
gabrielmorenopoeta@gmail.com