Calidad de vida e ingreso

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En muchas ocasiones el término calidad de vida ha sido ilustrado como nivel de vida, esto debido a la preponderancia de la teoría utilitarista del bienestar en los estudios de la manera en que viven los integrantes de la sociedad. Así, políticos, economistas y demás profesionales de las ciencias sociales se esfuerzan por darle una perspectiva unidimensional al concepto, asociándolo con el ingreso de los hogares y con la capacidad para la elaboración de bienes y servicios por parte de la economía, para lo cual se conciben indicadores sustentados en cantidades de producto o unidades monetarias para hacer referencia a aspectos objetivos de la vida.

Con esta idea, se considera la calidad de vida como una categoría socioeconómica que se estudia tomando en cuenta los bienes materiales, los servicios y las unidades monetarias que tiene la población; como el medio de estudio de las posibilidades que ofrece la vida a una persona para que ésta viva de una manera digna; e incluso como la capacidad que posee un grupo social de satisfacer sus necesidades con los ingresos disponibles. Así, se representan todos los aspectos mensurables del bienestar y, tomando en cuenta aspectos que pueden ser ponderados mediante alguna unidad de medida, se busca medir las condiciones de vida de las personas en términos de individuos, localidades y países. De esta manera, se utiliza con vehemencia variables como el PIB, nivel de precios e ingreso familiar para valorar la capacidad de las personas para cubrir sus necesidades básicas de vivienda, servicios, vestido, salud y empleo.

Utilizando dichas variables se percibe de manera incompleta e insuficiente la calidad de vida de las personas, dado que no mide la sustentabilidad de las actividades económicas que realizan, no considera las actividades económicas informales, y no toma en cuenta los gustos y preferencias de los consumidores, las oportunidades de estudio y de trabajo de la población, y la libertad para tomar decisiones individuales de consumo, ahorro y producción. Por ello, esta forma de identificar y analizar el estándar de vida de una población tiene debilidades, entre las cuales se pueden destacar: a) la difícil aprehensión de los valores de algunas necesidades expresadas, b) la necesidad del uso de una combinación de técnicas de medición, c) el riesgo inherente a la aparición de subjetividad en las escalas de valores, y d) la imposibilidad para establecer un indicador único de calidad de vida. Insistir en este enfoque solo favorece una descripción simplista del término, que no considera las circunstancias que permiten tener buenas condiciones de vida objetivas (ingresos, bienes y servicios, vivienda) y un alto grado de bienestar subjetivo, es decir, se evita considerar la satisfacción individual de necesidades en función de las expectativas y aspiraciones de las personas.

@ajhurtadob