Ciudad Bolívar, una tierra de leyendas y costumbres

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La fiesta de la Sapoara es la más popular

Recientemente Ciudad Bolívar cumplió 257 años de fundada.

Gracias al relato del cronista Américo Fernández pudimos conocer un poco más de la historia de una ciudad rodeada de un imponente río Orinoco con una piedra en el medio.

Ahora, Fernández nos da más detalles sobre los usos y costumbres de la capital del estado Bolívar.

El cronista cuenta que en la ciudad imperaba la costumbre de que los empleados de un comercio vivían en la casa de su superior y también eran alimentados por él, estableciéndose de esta manera una relación más estrecha con el negocio y la familia.

El empleado aprendía buenos modales y un comportamiento muy respetuoso con las señoritas de la casa, que por lo general ya a temprana edad tenían vista su pareja.

La libertad de escoger a su pareja, generalmente estaba influenciada por la familia.  Los noviazgos eran largos por lo menos hasta estarse bien seguros de cierta estabilidad económica y vivienda antes de contraer matrimonio.

La edad media de entrada al matrimonio estaba por encima de los 30 años, en el caso de los hombres, mientras que en las mujeres por encima de los 20 con algunas excepciones como en el caso del General Ascensión Farreras, quien a la edad de 70 años se casó con la quinceañera Manuela Vidal, hija del Capitán Gaspar Vidal. Tradicionalmente, las parejas se casaban por la iglesia.

Comenta Fernández que las familias bolivarenses tendían a ser numerosas.

Por ejemplo, el constructor Alejandro Sutherland llegó a tener 30 hijos y Juan Montes Salas, padre de Ramón Isidro Montes, tuvo 19 en sus dos matrimonios.

Aunque la familia nuclear es la unidad principal de la sociedad bolivarense, los vínculos con la familia extensa son estrechos, en particular en las áreas rurales. Tradicionalmente, el marido se considera el cabeza de familia, pero la mujer ejerce una gran influencia en las decisiones que competen a la organización del hogar, tareas domésticas, así como el cuidado y la educación de los hijos.

Hábitos sociales

En este caso, cuando se era invitado a una cena formal, normalmente los anfitriones indicaban el lugar que debe ocupar cada uno de sus invitados en la mesa. Las manos (pero no los codos) se mantienen sobre la mesa durante la comida. Al terminar, el cuchillo y el tenedor se dejan juntos sobre el plato. Los saludos más habituales son ¡Buenos días! y ¡Buenas tardes! Cuando le presentan a alguien, un citadino puede decir Encantado de conocerle. A la pregunta ¿Cómo está usted? se puede responder con Bien, gracias.

Un apretón de manos, por lo general, acompaña a un saludo. Los amigos, a menudo, se dan una palmada en la espalda y, si no se han visto durante bastante tiempo, un abrazo. Las mujeres suelen dar besos en las mejillas cuando saludan o se despiden.

El uso del nombre de pila es frecuente en las situaciones informales, pero para dirigirse a una persona mayor o a cualquiera con independencia de su edad en el trabajo o en los negocios se suele emplear señor, señora o señorita seguido del apellido, y a veces los títulos don y doña se utilizan con el nombre de pila para mostrar un respeto especial.

Los bolivarenses solían reunirse con sus amigos en el Club de los Alemanes o de los franceses cuando no en sus propias casas.

En general, la gente anuncia con antelación su visita, pero los bolivarenses son buenos anfitriones y reciben con agrado a cualquier persona que llegue sin avisar. Si lo hace durante la comida, es probable que sea invitado a la mesa, pero esta invitación, que es más un cumplido, se suele rechazar con un “No, gracias, que les aproveche”. Los invitados a comer a menudo llevan un obsequio para disfrutarlo durante la comida, como un buen vino o un postre.

Entretenimiento

Para entretenerse, Fernández aseguró que el principal deporte de masas era el ronda y cierta e´lite jugaba el tenis, el fútbol y la caza y la pesca.

También se iba al cine, el teatro y los toros.

Fiestas

Para las fiestas, los bolivarenses tienden a tomar sus tres o cuatro semanas de vacaciones en julio o agosto.

Las fiestas oficiales son: el día de Año Nuevo (1 de enero), el Día de los Reyes Magos (6 de enero), el Viernes Santo, el Día del Trabajo (1 de mayo), el Día de Nuestra Señora de las Nieves, el 24 de julio, Día de la Hispanidad (12 de octubre), el Día de Todos los Santos (1 de noviembre), el Día de  la Navidad (25 de diciembre).

En este caso, cada comunidad autónoma y localidad celebra, además, sus propias fiestas.

En la festividad de los Reyes Magos, o Epifanía, los españoles reciben regalos conmemorando el día que los tres Reyes Magos ofrecieron oro, incienso y mirra al Niño Jesús.

Las fiestas son una característica sobresaliente de los bolivarenses. Las festividades religiosas a menudo comienzan con una misa mayor seguida por una procesión solemne en la que se veneran las imágenes llevadas por los participantes a hombros. Música, bailes, poesías y cantos alegran con frecuencia estos coloridos acontecimientos.

Fiesta de la Sapoara

La Pesca de la Sapoara es una animada fiesta folclórica que se celebra durante el mes de agosto.  Se acostumbraba romerías hasta el Fortín El Zamuro.

A esta festividad también se le conoce como la Feria del Orinoco.

Para agosto es la única fecha en la que se puede pescar a la Sapoara, por ello se hace gran fiesta y pescadores compiten para ver quien toma la más grande.

La Sapoara puede ser preparada de distintas formas, asada, horneada y frita, incluso hay quienes la cubren de hoja de plátano para potenciar su sabor.

Existe una leyenda de que el hombre que llegue a comerse la cabeza de la Sapoara se casará con una guayanesa y se quedará eternamente en Bolívar.

En esta celebración participan turistas y lugareños de Ciudad Bolívar, especialmente en actividades culturales y recreativas como la presentación de agrupaciones musicales, juegos tradicionales y la venta de productos típicos de la región como el dulce de merey, de guayaba, de plátano y el turrón de merey.

También ofrecen artesanía, en su mayoría hecha por los indígenas como picos de tucanes, collares de semillas y azabaches.

Aunque con la llegada de la modernización muchas costumbres han cambiado, en Ciudad Bolívar prevalece el amor de su gente por esta tierra y el caluroso ambiente entre sus calles. Rosanny Mattey/ Fotos: Cortesía Américo Fernández

Américo Fernández, Cronista