Columna: Bajo Control

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Memorias del simposio sobre patología dek sueño

I.

El sueño es una función esencial para la vida humana, que junto a la respiración, la digestión y la inmunidad forman un cuarteto que garantiza la normalidad en la salud.

Cada 16 de Marzo se celebra el Día Mundial del Sueño para entusiasmar a la población a considerar el sueño como una columna principal de su estilo de vida saludable.

El Dia Mundial del Sueño de 2018 tiene su lema “Únete al mundo del sueño, conserva tus ritmos para disfrutar de la vida. Lema para resaltar los ritmos circadianos en el sueño, tema desarrollado por tres investigadores norteamericanos que recibieron el Premio Nobel de Medicina 2017.

En nuestro articulo “El sueño es vida” prometimos dar a conocer algunas memorias del Simposio Internacional “Patología del Sueño: de la Neurobiología a las manifestaciones sistémicas” que se realizó en España a principios de año.

En este evento, 16 científicos de Australia, Suiza, Estados Unidos, Holanda, Alemania y España estudiaron y debatieron cuestiones como la relación existente entre la falta de sueño, tanto con la actividad genética y como con la función metabólica. Enfoque muy bien argumentado por Diego García-Borreguero, responsable científico del encuentro, “se ha hablado bastante de cómo la genética influye en el sueño, pero muy poco a la inversa, es decir de cómo el sueño, y la falta del mismo, influyen en nuestros genes y hace que incluso algunos genes que no son anómalos funcionen de manera anómala”.

II.

Paul Franken de la Universidad de Lausana (Suiza) señaló que puede que el sueño sea un complejo mecanismo neurológico destinado a evitar muchas enfermedades. La falta de sueño está asociada a un mayor riesgo de adicciones, enfermedades mentales, obesidad, diabetes y dolencias cardiovasculares. Su equipo ha demostrado que una disrupción moderada del sueño cambia radicalmente el metabolismo. Por ejemplo, la falta de sueño hace que el hígado empiece a segregar “enzimas que predisponen a un individuo a no recuperarse de los efectos nocivos de la pérdida de sueño”, asegura Franken.

Una falta total de sueño lleva a la muerte en unos días, según se ha observado en estudios con roedores. Los animales sufren un desequilibrio metabólico, comienzan a perder rápidamente calorías y aumentan la ingesta de alimento para compensar, pero la pérdida es más rápida y sucede un fallo metabólico. Al mismo tiempo el sistema inmune deja de funcionar correctamente y aparecen infecciones.

El cansancio por la falta de sueño hace que las personas se muevan menos. También hace que se segregue menos leptina, una proteína que dilata las paredes del estómago y crea una sensación de saciedad. A la vez se produce más ghrelina, una hormona que aumenta el apetito. Claramente la falta de horas de sueño nos está haciendo más obesos”, comenta.

Para este médico, la mayoría de la gente no es consciente de los perjuicios de la falta de sueño en la salud. “Tenemos un concepto elástico del sueño, como si fuera un chicle que podemos contraer cuando no hay tiempo de dormir y estirarlo después”, explica. Pero no funciona así. Compensar el sueño perdido con un atracón de horas en la cama “alivia los síntomas conductuales, como la tensión y el cansancio, pero no las consecuencias para el sistema endocrino y cardiovascular”, señala el médico.

Susanne Diekelmann de la Universidad de Tubinga, en Alemania explicó que una de las funciones fundamentales del sueño es clasificar y preservar los recuerdos acumulados durante el día. “El cerebro tiene que apagarse y aislarse del mundo exterior para no interrumpir el proceso de refuerzo, de lo contrario podríamos revivir experiencias pasadas y sufriríamos alucinaciones”. Su equipo es uno de los que ha demostrado que se puede controlar este proceso con estímulos sensoriales. Si una persona almacena un recuerdo y a la vez percibe un olor determinado, después, durante el sueño, la presencia de ese mismo aroma basta para que recupere ese recuerdo y lo refuerce de forma inconsciente. Al día siguiente, las memorias asociadas a olores son más fuertes que las que no contaban con ese aliciente sensorial. “Este tipo de investigaciones podrían llevar a nuevos tratamientos para personas en rehabilitación, por ejemplo las que tienen que volver a aprender a andar después de un infarto cerebral”.

Luis de Lecea de la Universidad de Stanford (EE UU), explicó las conexiones entre memoria y sueño en pacientes con alzhéimer: “Uno de los síntomas más debilitantes de la enfermedad es la enorme agitación nocturna de los pacientes, que no consiguen descansar. De hecho, el insomnio es la principal causa de internamiento de personas con alzhéimer. Si consigues evitar los problemas de sueño en estos pacientes ahorras muchos de los problemas de salud que provoca la enfermedad. Por ahora lo que sabemos es que cuando se despiertan en mitad de la noche, las personas con alzhéimer tardan bastante más en conciliar el sueño que las que no tienen la enfermedad. Pero internamente su cerebro parece estar bien. Lo que hemos descubierto recientemente es que el problema no está en las neuronas, sino en otro tipo de células del cerebro conocidas como glía tóxica, encargadas de matar neuronas. La falta de sueño activa la glía tóxica, lo que podría explicar la alta mortalidad neuronal de las personas con alzhéimer”.

Miguel Garzón, de la Universidad Autónoma de Madrid, expuso estudios que explican a escala molecular por qué la presión de sueño aumenta de manera progresiva según se va incrementando el tiempo que hace que no dormimos, es decir, por qué tenemos sueño. Según dichos estudios, esto se debe a que durante la vigilia nuestras neuronas producen unos metabolitos que se acumulan en el espacio interneuronal y actúan de manera tóxica: “cuanto más tiempo estamos despiertos, más metabolitos tóxicos acumulamos y más se incrementa la necesidad de dormir”.

Dennis Rosen, de la Harvard Medical School y del Hospital Infantil de Boston, mostró las consecuencias de no reconocer y tratar los trastornos comunes del sueño en niños y adolescentes. Los cuales “pueden persistir en la edad adulta como: obesidad, enfermedad metabólica, cambios cerebrales no reversibles, así como mayor riesgo de enfermedad mental y de abuso de sustancias en el futuro”.

III.

Se plantea la necesidad de: a) organizar la Sociedad Venezolana del Sueño; b) desarrollar cátedras libres sobre el Sueño y su importancia; c) potenciar el arsenal biocéutico contra el insomnio y d) desplegar las fuerzas y terapias por el sueño para atender los 9 millones de personas que sufren de insomnio en Venezuela. 

Alexis Adarfio Marín

aadarfio@hotmail.com