Columna: Desde El Orinoco

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¿Debemos ser indiferentes ante la deshonestidad ?

Quiero compartir con ustedes, un impactante relato, publicado por Manuel Araus , en el Blog Educación y Solidaridad.

El relato dice lo siguiente:

“El atleta keniano, Abel Mutai, medalla de oro de los 3.000 obstáculos en Londres, estaba a punto de ganar la prueba cuando, al entrar en una pista donde estaba la meta se creyó que ya había llegado, aflojó totalmente el paso y, relajado, comenzó a saludar al público creyéndose vencedor”.

“El corredor que le venía detrás, Iván Fernández Anaya, al ver que el ganador de la prueba se equivocaba y se paraba una decena de metros antes de la pancarta de llegada, no quiso aprovechar la ocasión para acelerar y ganar”.

“Iván Fernández se quedó a su espalda, y gesticulando para que la entendiera y casi empujándolo, llevó al keniano hasta la meta, dejándolo pasar por delante.

Iván Fernández Anaya, un corredor vitoriano de 24 años que está considerado un atleta con mucho futuro (campeón de España de 5.000 metros en categoría promesas) afirmó al terminar la prueba”:

«Aunque me hubieran dicho que ganando tenía plaza en la selección española para el Europeo, no me habría aprovechado”.

“Creo que es mejor lo que he hecho que si hubiera ganado. Y esto es muy importante, porque hoy en día, tal como están las cosas en todos los ambientes, en el fútbol, en la sociedad, en la política, donde parece que todo vale, un gesto de honradez va muy bien».

¿Qué le parece este relato?

Creo que el atleta Iván Fernández. Merece el más categórico reconocimiento y aplausos por tan extraordinaria demostración de honradez y honestidad. Tal como él mismo señala, las sociedades actuales, han perdido muchos valores y principios, debilitando esos “cimientos” éticos, que tanto se requieren para una sociedad más humana y de calidad

Considero que los lideres, padres, maestros, educadores de todo tipo, facilitadores de procesos de formación, conferencistas, quienes dirijan o participen en los medios de comunicación, redes sociales y las modernas plataformas de comunicación, deben difundir intensamente sobre la necesidad de recuperar esos valores de honestidad, rectitud, buenos modales, honradez, actuar con transparencia y respeto a los demás, y en general esos aspectos éticos, morales y principios que nos hagan mejores seres humanos.

No podemos ser indiferentes o peor aún, dejarnos “arrastra” por esa negativa y corrosiva tendencia de aprovecharnos de los demás, del menos esfuerzo, de actuar como “pillos” y aprovecharnos de cualquier oportunidad o error de otro ser humano, para sacar provecho, destruyendo esos valores tan necesarios en una sociedad decente.

Tenemos que ser muy insistentes y reiterativos en fortalecer esas acertados valores, especialmente en la juventud, quienes pueden considerar “normal; algunas actuaciones, conductas y procederes que se hacen frecuentes y comunes, pero que se oponen a la honradez, honestidad, ética y los valores que preservan a las sociedades rectas y ejemplares.

Debemos combatir esas conductas y denunciar en los funcionarios públicos, esas actuaciones reñidas con la honestidad y rectitud. La corrupción es un flagelo que destruye las instituciones y acaba con las sociedades.

No permitamos que los principios éticos y los valores morales correctos, sean “pisoteados” de tan ofensiva y perniciosa manera.

Es nuestra sociedad, son nuestros hijos, nietos y las generaciones emergentes, los que están en juego

Las sociedades y todas las organizaciones, empresas e instituciones, a no dudarlo, requieren mejores seres humanos. Demos nuestra contribución a sanear a la sociedad de esos vergonzosos procederes.

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Waldo Negrón

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