Columna: Desde El Orinoco

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¿Tiene sentido ayudar a los demás?

Quiero compartir con mis respetados lectores, una anécdota, extraída de la página web https://cuentosparadormir.com/infantiles/cuento/el-espejo-estropeado, llamado El Espejo Estropeado, publicado por Pedro Pablo Sacristán. Dice lo siguiente:

Había una vez un niño listo y rico, que tenía prácticamente de todo, así que sólo le llamaba la atención los objetos más raros y curiosos. Eso fue lo que le pasó con un antiguo espejo, y convenció a sus padres para que se lo compraran a un misterioso anciano. Cuando llegó a casa y se vio reflejado en el espejo, sintió que su cara se veía muy triste. Delante del espejo empezó a sonreír y a hacer muecas, pero su reflejo seguía siendo triste.

Extrañado, fue a comprar golosinas y volvió todo contento a verse en el espejo, pero su reflejo seguía triste. Consiguió todo tipo de juguetes y cachivaches, pero aún así no dejó de verse triste en el espejo, así que, decepcionado, lo abandonó en una esquina. 

“¡Vaya un espejo más birrioso! ¡Es la primera vez que veo un espejo estropeado!”, expresó el niño contrariado.

Esa misma tarde salió a la calle para jugar y comprar unos juguetes, pero yendo hacia el parque, se encontró con un niño pequeño que lloraba entristecido. Lloraba tanto y le vio tan sólo, que fue a ayudarle para ver qué le pasaba. El pequeño le contó que había perdido a sus papás, y juntos se pusieron a buscarlo. Como el chico no paraba de llorar, nuestro niño gastó su dinero para comprarle unas golosinas para animarle hasta que finalmente, tras mucho caminar, terminaron encontrando a los padres del pequeño, que andaban preocupadísimos buscándole.

El niño se despidió del chiquillo y se encaminó al parque, pero al ver lo tarde que se había hecho, dio media vuelta y volvió a su casa, sin haber llegado a jugar, sin juguetes y sin dinero. Ya en casa, al llegar a su habitación, le pareció ver un brillo procedente del rincón en el que abandonó el espejo. Y al mirarse, se descubrió a sí mismo radiante de alegría, iluminando la habitación entera. Entonces, comprendió el misterio de aquel espejo, el único que reflejaba la verdadera alegría de su dueño.

Y se dio cuenta de que era verdad, y de que se sentía verdaderamente feliz de haber ayudado a aquel niño.

Y desde entonces, cuando cada mañana se mira al espejo y de no ver ese brillo especial, ya sabe qué tiene que hacer para recuperarlo. A darle amor al prójimo.

Este aleccionador relato, tiene un profundo contenido para todos los seres humanos. Al igual que el niño del espejo, todos nosotros podemos tener una cara y sonrisa radiante, incluyendo un cuerpo lleno de buena vibra y de salud, si le dedicamos tiempo al servicio social. Dar ayuda a quienes nos rodean, prestar apoyo y solidaridad a nuestros semejantes, aunque parezca difícil de creer, nos trae enormes beneficios a quienes lo practicamos.

Innumerables estudios médicos y científicos, ratifican que las personas que prestan ayuda a otros, generan componentes físico-químicos y hormonas que elevan su salud, alegría, buen humor y los llena de una extraordinaria energía y motivación que los hace radiantes y felices, como nuestro niño de la historia de estas reflexiones.

De tal manera, apreciado lector, que debemos hacer el bien social, colectivo, solidario y de ayuda desinteresada a quienes lo necesitan, porque además de dar un “respiro” a quien recibe la ayuda, recibimos profundos beneficios en nuestro cuerpo.

Cada día son más las organizaciones que han entendido la importancia de estas ayudas sociales, que dedican muchas horas laborales, para hacer que sus trabajadores, de todos los niveles, hagan labores sociales, con lo cual mejoran el entorno, prestan ayuda a quien la necesita y también, se ganan una mejor reputación y, paradójicamente, esa mejor imagen les ayuda a mejorar sus ventas y negocios.

El mundo requiere mucha solidaridad entre los seres humanos y las sociedades mejoran y se hacen más sustentables, cuando existe fraternidad, apoyo y comprensión entre los ciudadanos.

Seamos generadores de buena vibra. Demos amor a nuestros semejantes

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Hasta la próxima semana. Gracias por leerme. Email: ywpalacios@gmail.com.

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