Columna: Desde El Orinoco

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Adaptarse a los Cambios. Cualidad esencial en tiempos de incertidumbre

Quiero compartir con mis respetados lectores, una interesante historia, relacionada con la necesidad de saber adaptarnos a los cambios y nuevos tiempos, que se imponen en el mundo.

Se trata de una fábula sobre un lago, en donde crecieron juntos, un roble y una caña. Con el paso del tiempo, nuestro roble se hizo grande y fuerte, mientras que la caña era delgada, flexible y de poco tamaño.

Con frecuencia el robusto y enorme roble miraba la caña y le decía:

“Mira lo pequeña y débil que eres. No aguantas nada de peso. La menor brisa te hace doblarte hasta rozar el agua. Me das pena. Ni la más fuerte de las tormentas podría romperme. Ni siquiera sé porque estoy hablando contigo. Deberías sentirte muy halagada.”

La caña no tomaba muy en cuenta las posturas arrogantes del roble y ella vivía tranquila su vida, mientras que el roble se había convertido en un ser presumido y soberbio.

Un día, para sorpresa de nuestros amigos, se hizo presente una tormenta muy fuerte. Como todos sabemos, los fuertes vientos hicieron que la caña, producto de su flexibilidad, se doblara y se posara sobre la superficie del lago, evitando ser derribada por los fuertes vientos.

El roble por su parte, luchaba con todas sus fuerzas para mantenerse en pie, contra el destructivo viento que lo azotaba. Durante un buen rato, el roble logró mantenerse en pie, pero el mal tiempo empeoró y la tormenta se convirtió en un verdadero tornado.

La fuerza del viento fue tan enorme que terminó derribando el roble y éste cayó pesadamente sobre el suelo. Cuando la tormenta terminó, unos leñadores se aparecieron por el sector y al ver el árbol derribado, aprovecharon la oportunidad y lo cortaron en unas horas. La tormenta, apoyada en la inflexibilidad del roble, acabó con la vida del árbol

La caña, triste por su amigo el roble, expresó: “El roble se burlaba de mi flexibilidad y poco tamaño, pero gracias a mi capacidad de adaptarme a los vientos, pude doblarme en la tormenta y sobrevivir. Lamento lo ocurrido a mi amigo el roble. Su poca adaptación a los vientos, le costó la vida”.

Esta impactante historia, tiene plena vigencia en el mundo moderno y cambiante de estos tiempos. Muchas personas y organizaciones, se ufanan de tener la fuerza y solidez del roble, se vuelven resistentes a los cambios, se oponen con fuerza a todo tipo de transformaciones y cuando llega la tormenta: desaparecen por su poca flexibilidad y sentido común.

Lo único seguro y predecible es…el cambio, la transformación, la variedad, la turbulencia y una tremenda incertidumbre sobre lo que ocurrirá. Quienes no sean capaces, tanto personas como empresas y cualquier tipo de institución, pública o privada, tendrán muy serios tropiezos para lograr sus metas, ni siquiera para tener una vida tranquila y estable

Es obligante, no tenemos opción, debemos tener una actitud positiva, proclive y favorable a los cambios. La inflexibilidad, el negarse a cambiar, la reacción negativa y de resistencia a los cambios, puede ser la diferencia entre la vida o incluso la muerte.

Las personas tenemos que aprender a desarrollar nuestra flexibilidad, espíritu de cambio, adaptabilidad y la llamada Resiliencia, para interpretar bien los cambios, y buscar la manera de afrontarlos y superarlos, sin morir en el intento.

Los educadores, maestros, padres y líderes en general, una tarea inaplazable, deben saber “difundir” la actitud mental positiva y la disposición a ver los cambios como una oportunidad y no como una amenaza. Los padres deben enseñar la actitud positiva ante los cambios a sus hijos y familiares, también los educadores en sus centros de formación, y los empresarios en sus negocios.

Quienes ocupen altos cargos en instituciones, organizaciones o empresas de cualquier tipo, deben incorporar el debate sobre la visión positiva de los cambios entre sus trabajadores. Una empresas que aspire a sobrevivir ante tanta turbulencia, debe tener una mentalidad positiva entre su gente, hacia los cambios y transformaciones. Eso se le conoce como una Cultura Organizacional proclive al cambio. Debe tener mucha flexibilidad en sus lineamientos estratégicos y los llamados operacionales, para hacer ajustes, cambios, transformaciones y mejoras en todas las áreas de las organizaciones, a tiempo, para “surfear” las permanentes y grandes olas que implican los cambios frecuentes.

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