Columna: Desde El Orinoco

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¿Valoramos la importancia de la Alegría?

Quiero compartir con mis respetados lectores, un extraordinaria historia, de Pedro Pablo Sacristán y publicado en la página: https://cuentosparadormir.com/infantiles/cuento/el-robo-de-la-alegria. La historia dice:
“El malvado Nonón siempre había sido un malo de poca monta y sin grandes aspiraciones en el mundo de los villanos.
Pero resultó ser un malo con mucha suerte pues un día, mientras caminaba despistado inventando nuevas fechorías, cayó por una gran grieta entre dos rocas, hasta que fue a parar al Estanque de la Alegría, el gran depósito de alegría y felicidad de todo el mundo.
Entonces Nonón, que además de malo era un tristón, pensó en quedarse para sí toda aquella alegría y, cavando un pozo allí mismo, comenzó a sacar el maravilloso líquido para guardarlo en su casa y tener un poco de felicidad disponible siempre que quisiera. Así que mientras el resto de la gente parecía cada vez más triste, Nonón se iba convirtiendo en un tipo mucho más alegre que de costumbre.
Se diría que todo le iba bien: se había vuelto más hablador y animado, le encantaba pararse a charlar con la gente y … ¡hasta resultaba ser un gran contador de chistes!
Y tan alegre y tan bien como se sentía Nonón, empezó a disgustarle que todo el mundo estuviera más triste y no disfrutara de las cosas tanto como él.
Así que se acostumbró a salir de casa con una botellita del mágico líquido para compartirla con quienes se cruzaba y animarles un rato.
La gente se mostraba tan encantada de cruzarse con Nonón, que pronto la botellita se quedó pequeña y tuvo que ser sustituida por una gran botella.
A la botella, que también resultó escasa, le sucedió un barril, y al barril un carro de enormes toneles, y al carro largas colas a la puerta de su casa… hasta que, en poco tiempo, Nonón se había convertido en el personaje más admirado y querido de la comarca, y su casa un lugar de encuentro para quienes buscaban pasar un rato en buena compañía.
Y mientras Nonón disfrutaba con todo aquello, a muchos metros bajo tierra, los espíritus del estanque comentaban satisfechos cómo un poco de alegría había bastado para transformar a un triste malvado en fuente de felicidad y ánimo para todos”.
Esta historia llama a hondas reflexiones sobre la manera de ver la alegría, por todos los seres humanos.
Lastimosamente, muchísimas personas le dan poca importancia a reírse, al buen humor, es decir; la alegría y las ganas de vivir, desde las buenas emociones y los pensamientos positivos.
“Profesor, no le parece que las serias dificultades y problemas que confronta el país, no es para andarse riendo. Los venezolanos estamos sobreviviendo y no tenemos razones para la risa. Por el contrario, sobran las razones para andar tristes y apesadumbrados”. Este tipo de preguntas las suelo recibir, en mis actividades formativas y de motivación.
Debo resaltar que entiendo perfectamente el trasfondo de esas expresiones. Estoy plenamente conscientes de que, efectivamente, se viven unas muy duras condiciones y podríamos expresar que sobran razones para quejarse, para dar rienda suelta a los malestares y pesares, entre las personas
Ahora bien, debemos preguntarnos; ¿Qué actitud nos ayudas más, ante esas duras condiciones? ¿Logramos algún beneficio o saldo positivo de la queja, el lamento y la frustración? ¿Disminuyen los problemas, cuando nos quejamos y nos mantenernos “tristes” y apesadumbrados?
Digamos que, ciertamente, sobran razones para quejarse, lamentarse y llenarse de malas energías y pensamientos negativos, pero al mismo tiempo, lo que debemos saber entender es que lo UNICO que nos ayuda a seguir adelante, en medio de tan serias dificultades, es una actitud positiva, de optimismo y de una alta dosis de alegría y buen humor.
Es obvio que NO escogimos esas duras condiciones y que ellas están allí, presentes, reales y exigiendo una acertada respuesta de nosotros. Esa es nuestra realidad
Si ante las dificultades, asumimos la queja y una actitud pesimista, de tristeza y angustia, solo profundizamos el impacto en nosotros de esas difíciles condiciones. Lo que debemos decirnos a cada rato: No puedo escoger esas condiciones que me rodean, pero SI PUEDO escoger mi actitud ante semejantes dificultades. Nos tocó vivir y experimentar esas condiciones. Esa es la realidad que tenemos (no es la buenos gustaría) y esas condiciones reales nos obligan a tener la mejor actitud para nosotros mismos. No tenemos opción, mis apreciados lectores
De tal manera, que solo con una actitud positiva, retadora y de confianza en nosotros mismos, donde reforcemos la alegría, nos puede ayudar a poder vivir de la mejor manera posible. Tenemos que vivir este presente…sin morir en el intento!!!
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Hasta la próxima semana. Gracias por leerme Waldo Negrón.

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