Columna: Desde El Orinoco

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¿Por qué nos cuesta asumir retos?

¿Qué les parece esta historia, mis respetados lectores?

“Un rey recibió como obsequio dos pichones de águilas y los entregó al maestro veterinario, para que los entrenara. Pasados unos meses, el instructor comunicó al rey que una de las águilas estaba perfectamente educada y volaba feliz y muy libre. No obstante, la otra águila no se había movido de la rama desde el día de su llegada a palacio, a tal punto que había que llevarle el alimento hasta allí. Mientras su hermana volaba muy alto, la otra no volaba en lo absoluto.

El rey mandó llamar veterinarios, curanderos y sanadores de todo tipo, pero nadie pudo hacer volar al ave. Encargó entonces la misión a miembros de la corte, pero nada sucedió. Por la ventana de sus habitaciones, el monarca podía ver que el águila continuaba inmóvil en una rama.

Publicó por fin un decreto entre sus súbditos, ofreciendo un premio a quien hiciera volar a su águila. Un campesino quien vivía cerca del palacio, se presentó al llamado y le dieron la oportunidad de hacer volar al águila que permanecía inmóvil en el árbol.

El rey se quedó en su balcón, a la espera de los resultados y para sorpresa del preocupado rey, a los pocos minutos, vio al águila volando ágilmente en los jardines del palacio, frente al incrédulo mandatario. Que asombro para el rey. Su águila volaba.

“Quiero ver al autor de ese milagro”, dijo el rey, desconcertado y feliz a la vez.

En seguida le presentaron al ingenioso y creativo campesino.

 “¿Tú hiciste volar al halcón? ¿Cómo lo hiciste? ¿Eres mago, acaso?”, le preguntaba, atropelladamente el monarca.

Entre feliz e intimidado, el campesino sólo explicó:

“No fue difícil, Su Alteza, hice algo muy sencillo…¡sólo corté la rama! El águila se dio cuenta que estaba sano, fuerte, que tenía alas y, ante el corte de la rama, no tuvo más remedio que vencer sus temores y salió a volar”

Esta historia encierra enormes lecciones a los seres humanos y particularmente a los líderes. El temor a la derrota, nos paraliza y nos impide llegar a nuestras metas.

Cortar la rama, salir de la llamada “zona de confort”, atreverse a experimentar, perderle el temor a equivocarnos, ser genuinos y explorar las cosas que nos llaman la atención, en definitiva, eso que llamamos volar y conseguir la realización personal implica; cortar las ramas que nos atan y nos limitan el éxito y la felicidad!!!!!

La gran cualidad, la más importante, la más positiva, la más provechosa para nuestras vidas, lo que hace trascendente a un líder o directivo organizacional, es esa disposición a enseñarle a la gente a cortar sus ramas y lanzarse a buscar sus sueños y caros anhelos. La vida plena implica asumir retos y desafíos. Salir del confort

Un gerente o directivo que intimide, que endurece temores entre la gente, que cuestione mucho los errores, que está muy pendiente de criticar fallas y omisiones, pero que nunca da una “palmada” o reconocimiento a sus subordinados, es un verdadero freno para el crecimiento de la gente y el éxito de sus organizaciones.

Esas personas intimidatorias son un “lastre” para el progreso y avance de otros seres humanos.

Las sociedades están “llenas” de personas que se aferran a sus ramas, que no se atreven a probar cosas nuevas, que tienen sueños y anhelos, pero que temen profundamente dar los pasos necesarios para concretarlos. Ellos se auto limitan y no logran destacarse en sus vidas, Suelen conseguir muy pobres resultados y no alcanzan la felicidad plena

Lastimosamente, estamos rodeados de personas inseguras, dubitativas, temerosas y que se “arrinconan” ante sus retos, se vuelven conformistas, sumisos, inseguros y que no desarrollan plenamente sus talentos y potencialidades.

También en las empresas encontramos esas personas, con sus mediocres actuaciones y en la mayoría de los casos, son el resultado de un liderazgo chusco, de pantalones cortos, limitadores de la creatividad y que “adormecen” a la organización, coartando el ingenio, la creatividad, los aportes espontáneos y productivos y que a la larga, le quitan sustentabilidad, rentabilidad y posibilidades de crecimiento a la empresa

Las personas que más necesita la sociedad, son aquellos que andan “cortando” ramas, liberando su pensamiento ganador y productivo, dispuestas a superar todo tipo de dificultades, que asumen sus retos y desafíos con decisión y coraje.

Debemos salir del confort y el temor a los fracasos. Todos, absolutamente todos, podemos triunfar y materializar nuestros anhelos, pero es indispensable romper esas vacilaciones y temores que nos paralizan

No podemos lograr la felicidad y la realización personal y laboral, sin ser capaces de “cortar” las ramas que nos limitan y alejan de nuestros objetivos. Abundan los casos de personas que hacen proezas y logros impresionantes y la diferencia consiste en que esos triunfadores no se amilanan y aunque tienen el normal temor del ser humano ante un reto, son capaces de sobreponerse a ese temor y se llenan de vigor y coraje para buscar esos sueños, con lo cual alcanzar inmensas felicidades

Les recuerdo, finalmente, una máxima gerencial que reza:

“No puedes descubrir nuevos mares, a menos que tengas el coraje de perder de vista la costa”

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Waldo Negrón. Gracias por leerme.

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