Columna: Desde El Orinoco

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¿Por qué no damos lo mejor de nosotros mismos?

Quiero compartir con ustedes una impactante lección, extraída del famoso libro La Culpa es de la Vaca. El testimonio señala:

“Un maestro de construcción ya entrado en años, estaba listo para retirarse a disfrutar su pensión de jubilación. Le contó a su jefe acerca de sus planes de dejar el trabajo para llevar una vida más placentera, con su esposa y su familia. Iba a extrañar su salario mensual, pero necesitaba retirarse; ya se las arreglarían de alguna manera. El jefe se dio cuenta de que era inevitable que su buen empleado dejara la compañía y le pidió, como favor personal, que hiciera el último esfuerzo: construir una casa más. Sería el cierre de su proceso laboral, la última casa hecha con sus manos y su larga experiencia”.

“El hombre accedió y comenzó su trabajo, pero se veía a las claras que no estaba poniendo el corazón en lo que hacía. Utilizaba materiales de inferior calidad, y su trabajo, lo mismo que el de sus ayudantes, era deficiente. Era una infortunada manera de poner punto final a su carrera. Cuando el albañil terminó el trabajo, el jefe fue a inspeccionar la casa y le extendió las llaves de la puerta principal. “Esta es tu casa, querido amigo -dijo-. Es un regalo para ti”.

“Si el albañil hubiera sabido que estaba construyendo su propia casa, seguramente la hubiera hecho totalmente diferente. ¡Ahora tendría que vivir en la casa imperfecta que había construido!”

“Construimos nuestras vidas de manera distraída, reaccionando cuando deberíamos actuar, y sin poner en esa actuación lo mejor de nosotros. Muchas veces, ni siquiera hacemos nuestro mejor esfuerzo en el trabajo. Entonces de repente vemos la situación que hemos creado y descubrimos que estamos viviendo en la casa que hemos construido. Si lo hubiéramos sabido antes, la habríamos hecho diferente”.

“La conclusión es que debemos pensar como si estuviésemos construyendo nuestra casa. Cada día clavamos un clavo, levantamos una pared o edificamos un techo. Construir con sabiduría es la única regla que podemos reforzar en nuestra existencia. Inclusive si la vivimos sólo por un día, ese día merece ser vivido con gracia y dignidad. La vida es como un proyecto de hágalo-usted-mismo. Su vida, ahora, es el resultado de sus actitudes y elecciones del pasado. ¡Su vida de mañana será el resultado de sus actitudes y elecciones de hoy!”

Creo que esta anécdota, refleja claramente la manera en la cual, muchos de nosotros (demasiados diría yo) asumimos nuestro compromiso ante nuestras vidas. Solemos cumplir con lo “mínimo” y deseamos que las empresas e instituciones donde laboremos, exijan muy poco de nosotros y, para colmo, nos incomodamos si nos piden un “plus” o esfuerzo adicional.

Así mismo, muchísimos estudiantes buscan la nota mínima para pasar la materia (después del 10pts es lujo, es su filosofía estudiantil) y no les importa su nivel de rendimiento ni aprender demasiado, lo importante es pasar las materias, con el mínimo esfuerzo y obtener el ansiado título.

Esa manera de actuar, ese poco esfuerzo por brillar, esa baja exigencia hacia nosotros, es la “semilla” de la mediocridad y los grises resultados en nuestras vidas.

Paradójicamente, en la misma medida en que somos poco exigentes hacia nosotros, somos altamente exigentes hacia las organizaciones, instituciones o empresas donde laboremos. La mediocridad y poco compromiso, lastimosamente, suele estar acompañados de una actitud poco tolerante, muy exigente y de mucho reclamos, en las empresas e instituciones, donde esas personas de desempeñan. La poca exigencia hacia ellos mismos, se convierte en una desafiante actitud hacia la empresa y una dura posición para exigir beneficios de todo tipo.

Damos el menor esfuerzo, pero somos implacables con los llamados beneficios socio económicos que nos corresponden.

Esas personas parten de la siguiente premisa: “La empresa, los amigos y la sociedad deben darme lo “máximo”, incluso, hasta los gobiernos deben proporcionarme buena calidad de vida y resolverme mis problemas, pero no esperen que yo les dé lo mejor de mí”.

Esa manera tan asimétrica de ver la vida, ese conformismo hacia nosotros esa llamada “auto complacencia (podría calificarse de auto sinverguenzura) solo nos lleva a deambular por el mundo y a vivir obteniendo, ¡mediocres resultados!

Solo quienes dan lo mejor de sí mismos. Los que perseveran en “crecer” y desarrollarse, los que estudian mucho, dedican mucho esfuerzo en concretar sus ansiadas metas, aquellos que dan lo máximo en sus actividades, los apasionados por la excelencia en sus actuaciones, pueden alcanzar el éxito. No dar lo mejor de nosotros, desafortunadamente, nos condena a una vida mediocre y de poca felicidad

:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::Waldo Negrón. Hasta la próxima semana. Gracias por leerme

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