Columna: Desde El Orinoco

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¿Por qué nos falta tanto amor entre nosotros?

Deseo compartir con mis respetados lectores, unas reflexiones, anónimas, que son muy utilizadas en la actualidad. Veamos

“El amor es como una cajita, donde se coloca y se saca, para repartir. Cuando se da amor, se saca de nuestra cajita y se coloca en la cajita del otro. Cuando se recibe amor, se saca de la cajita del otro y se coloca en la nuestra”.

“Si solo se recibe y no se da, la cajita se llena y nadie más consigue darte amor. Si solo se da, llega un momento que se acaba el tuyo. Por eso en la vida es importante dar y recibir amor. No siempre aquel que recibe de nosotros es quien nos lo da. Ni siempre damos de quien recibimos. Pero siempre estamos haciendo cambios y reciclando nuestro stock de amor”.

“No dejes que tu cajita se vacíe, ni dejes que tu cajita se llene. Sepa dar y sepa recibir. Coloca amor en todo lo que haces, desde que te levantas hasta que te acuestas, en el trabajo, en el tránsito, con las personas que te encuentres, con tus amigos y familiares. Las cosas, los detalles hechos con amor tienen otro sabor, tanto para quien lo hace como para quien recibe. Coloca amor en tu sonrisa por la mañana. Coloca amor en el Buen Día. Coloca amor en los detalles del día. Coloca amor en las pequeñas cosas, y en las grandes también. Y verás que tu vida estará llena de realizaciones, alegrías, cosas buenas y amor. Recuerda que la felicidad solo depende de nosotros y vive mejor. Cuando damos amor, somos los primeros beneficiados. Se ha demostrado que más se beneficia quien da amor, que la persona quien lo recibe”.

Estas extraordinarias reflexiones, las considero de enorme utilidad para todos nosotros. En mis cursos y actividades de capacitación, compruebo con frecuencia la enorme dureza, indiferencia y hasta agresividad con la cual solemos tratarnos. Basta observar nuestro entorno, las respuestas entre seres humanos, aún entre personas que comparten actividades o viven cerca o incluso, en caso de trabajadores de una misma organización, para reafirmar que el amor, la solidaridad, el apoyo, la comprensión, la tolerancia, la llamada “buena voluntad” está más escasa que los productos de primera necesidad y ello amerita inminentes correctivos y rectificaciones en nosotros.

Creo que debemos, y ello solo depende de nosotros, comenzar a revisar la manera de relacionarnos con nuestros semejantes y dar mayores muestras de amor y todos esos positivos aspectos que destaco en estas líneas.

Nuestro nivel de felicidad, la productividad y la salud van en relación directa con las emociones que nos embargan a diario. El amor es un sentimiento noble, hermoso, edificante, aglutinador, inclusivo, cohesionador y que “despierta” los mejores sentimientos en quienes nos rodean.

No debemos permitir que las turbulencias externas, la situación que pueda tener el país o nuestras organizaciones, nos priven de un maravilloso sentimiento que nos enaltece, saca lo mejor de nosotros y nos eleva a dimensiones de mayor felicidad, disfrute, rendimiento laboral y de nuestra salud. La pandemia o las medidas de “cuarentena colectiva” no deben endurecernos. Tomemos todas las previsiones sanitarias del caso, pero siempre elevando nuestra condición de seres humanos nobles y de buenas personas.

“¿Y si los demás se quieren aprovechar de mi nobleza, Profesor?”, me preguntan con frecuencia, ante lo cual respondo: Si la otra persona no quiere aceptar tus muestras de amor social de apoyo y respaldo, o intenta aprovecharse de ese sentimiento, tienes la capacidad y el “olfato” para no permitirlo y alejarte, incluso, de esas personas. Tu beneficio está en no abrigar malos sentimientos, malas energías y nunca sacar el amor de tu corazón. Allá aquel que no quiera dar amor en su vida, solo él o ella pagarán las consecuencias. Alimenta tu ser de amor y experimenta sus enormes beneficios, sin tener que “condicionar” esa felicidad tuya, esos enormes dividendos personales, esa mejor salud y destacada actuación laboral, a que sean otros los que deseen aceptar tus muestras de amor, o incluso dejarnos llevar por el temor, la ansiedad y los sentimientos paralizantes que se generan, al pensar que no daré amor, porque pueden aprovecharse de mí.

Nada, absolutamente nada debe alejarnos de la alegría, felicidad y la realización que aspiramos en nuestras vidas. Seríamos demasiado vulnerables y desperdiciaríamos enormemente nuestras vidas, si el dar amor lo supeditamos a las intenciones de otros sobre el supuesto uso de nuestros sentimientos y emociones. Simplemente demos amor y que los otros decidan lo que hacen con sus vidas. Amén

:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::Waldo Negrón.

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