Columna: Desde El Orinoco

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¿Por qué envidiamos a otros?

 “Un rey fue hasta su jardín y descubrió que sus árboles, arbustos y flores se estaban muriendo. El Roble le dijo que se moría porque no podía ser tan alto como el Pino. Volviéndose al Pino, lo halló caído porque no podía dar uvas como la Vid.

Y la Vid se moría porque no podía florecer como la Rosa. La Rosa lloraba porque no podía ser alta y sólida como el Roble. Entonces encontró una planta, una Fresa, floreciendo y más fresca que nunca.

El rey preguntó: ¿Cómo es que creces saludable en medio de este jardín mustio y sombrío?
“No lo sé. Quizás sea porque siempre supuse que cuando me plantaste, querías fresas. Si hubieras querido un Roble o una Rosa, los habrías plantado. En aquel momento me dije: Intentaré ser Fresa de la mejor manera que pueda. Seré una espectacular Fresa”

Esta pequeña historia pertenece a Jorge Bucay y se titula El Cuento de la Fresa. Creo que su contenido es de gran utilidad.

Muchas personas desaprovechan su tiempo, recursos y energía, en tratar de parecerse a otros. A esas personas, lastimosamente, se les agota su existencia, sin que logren trascender ni lograr sus metas y sueños vitales. No se sienten orgullosas de ser lo que son y lo que pueden llegar a lograr, si trabajan con ahínco. La envidia y el malestar que se siente por los éxitos y alegrías de otros, es un dañino corrosivo que nos enferma y nos anula en la vida. Esa envidia nos frena, nos envilece y nos llena de energías, emociones y pensamientos tóxicos y enfermizos.

Cada uno de nosotros nace con un “combo” de potencialidades suficientes para llegar muy lejos, para alcanzar nuestras metas y para alcanzar esas satisfacciones más preciadas. Nacemos con todas las posibilidades de ser triunfadores y personas realizadas.

El grave error consiste en dejar de fortalecer nuestras posibilidades, en explotar al máximo todo ese caudal de habilidades y posibilidades que podemos extraer de nosotros mismos, para dedicarnos a “observar” lo que otros hacen, a lamentarnos porque otras personas obtienen éxitos y logran alcanzar sus metas, mientras tanto se nos pasa el tiempo y nos quedamos rezagados. Nos queda el “lamento” por el tiempo perdido.

Solemos quejarnos de nuestra realidad, de no tener las cosas que deseamos, incluso, llegamos al extremo de auto descalificarnos y criticarnos por nuestra presencia física, por nuestro tamaño o por el color del pelo o tantas otras cosas banales que nos impiden avanzar. Esas personas, en muchos casos se hacen tremendamente infelices, porque no tienen un supuesto cuerpo escultural o porque algún detalle físico puede resultar poco atractivo.

Es común que mucha gente gaste enormes sumas de dinero en su apariencia física, en “ocultar” incluso esos aspectos que no son tan elegantes o atractivos. No obstante, no invertimos la misma cantidad de dinero, la misma energía y dedicación a nuestra formación, a nuestro crecimiento interior, a capacitarnos, a elevar nuestra preparación para estar listos para nuevas responsabilidades en la vida. Lastimosamente, invertimos los valores y prioridades. Descuidando lo que verdaderamente nos permite la realización y la felicidad plena.

Por esa vía, cuando hacemos sólo énfasis en nuestro aspecto físico, podemos lucir muy atractivos (a un altísimo costo) pero no lograr avanzar mucho en nuestras metas personales ni concretar el éxito que genere esa satisfacción interna que no tiene precio y que resulta lo verdaderamente trascendente en nuestras vidas. Las personas de nuestro entorno, nos observan y llegan a sentirse decepcionadas de esos seres humanos quienes se “desviven” por lucir atractivos, sin dedicar tiempo a su preparación y crecimiento como seres humanos valiosos, preparados y verdaderos ejemplos de conducta ciudadana y de personas meritorias.

Nada ganamos con perder nuestro tiempo, alimentando energías negativas o resentimientos por los éxitos ajenos o desaprovechar la vida, lamentándonos de no tener determinada estatura, hermosa figura o los ojos de un determinado color.

Todo lo que necesitamos para triunfar….este dentro de nosotros. No tenemos incluso que “quitarle” o envidiarle nada a otra persona para ser felices y exitosos

El éxito no viene atado a nuestra figura o tipo de cabello, tampoco vendrá fácil y ni esfuerzo.

A pesar de las dificultades que podamos encontrarnos, incluso la necesidad de atravesar duros y nada gratos pasajes en nuestras vidas, es absolutamente posible alcanzar nuestras metas, si nos dedicamos con indeclinable voluntad a prepararnos y sacar el máximo provecho de esas potencialidades que traemos al nacer.

Estar pendiente de los logros ajenos, y pero aún sentir envidia por ellos, es un doloroso desperdicio de tiempo y energía. Lo único que logramos es perder oportunidades y dejar que sean otros lo que expresen su merecida sonrisa por los éxitos alcanzados.

Concentrémonos en nosotros mismos y dejemos de codiciar los triunfos ajenos.

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Waldo Negrón

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