Columna: Desde El Orinoco

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¿Por qué le tememos tanto a los riesgos para triunfar?

En un país en guerra, había un rey que causaba miedo. No tomaba prisioneros en las batallas para matarlos. Simplemente los llevaba a una sala donde había un grupo de arqueros de un lado y una inmensa puerta de hierro del otro lado, sobre la cual se veían grabadas figuras de calaveras cubiertas de sangre.

El rey hacía formar a los prisioneros en círculo en la sala y les decía:

“Ustedes pueden elegir entre morir atravesados por las flechas de mis arqueros, o pasar por esa puerta misteriosa”.

Todos elegían ser muertos por los arqueros. Tiempo después, al terminar la guerra, un soldado que por mucho tiempo había servido fielmente al rey, se dirigió al soberano y le interrogó:

“Señor, ¿puedo hacerle una pregunta?”

“Dime, soldado”, repuso el soberano.

“¿Qué hay detrás de la horrorosa puerta?”

“Ve y mira tú mismo”, le respondió de inmediato el rey.

El soldado separó temerosamente la puerta pero, a medida que ella se abría, fueron entrando unos brillantes rayos de sol que iluminaron el ambiente. Finalmente descubrió que la puerta se abría sobre un camino que conducía a la libertad. El soldado, admirado, sólo miró a su rey, mientras éste le explicaba:

“Yo les daba a todos la posibilidad de realizar una elección; pero ellos preferían morir antes que arriesgarse a abrir esa puerta”.

¿Qué les parece mis respetados lectores?

¿Cuántas puertas dejamos de abrir por el temor al fracaso? ¿Por qué le tememos a lo desconocido y a veces nos condenamos a lo conocido?

Lastimosamente, en mis talleres de capacitación y formación de líderes y ciudadanos, puedo constatar que muchísimas personas no alcanzan sus metas, porque están “paralizadas” por un infundado temor a los riesgos que implica concretar una meta personal o laboral. Son más poderosos sus miedos e inseguridades que lo maravilloso de sus sueños, anhelos y aspiraciones en la vida. Pueden incluso, lastimosamente, truncar sus vidas, por el simple temor a superar retos y los temores que implican los desafíos y objetivos deseados en sus vidas.

Temor a no obtener la aprobación de otros o de sus supervisores en las empresas, miedo ante la dificultad de tener que hacer exposiciones de sus ideas, temor para colocarse delante de un equipo a dirigirlo, temor a que pueda fracasar, temor a no obtener los recursos y el apoyo que requiere para su proyecto, temor a fallar en su soñado emprendimiento, en fin temores, dudas, vacilaciones, inseguridades y todo tipo de miedos internos que terminan por colapsar cualquier intento por alcanzar un objetivo

Muchos nunca conquistan el amor deseado, porque le temen al probable rechazo. Otros no aprenden sus idiomas soñados, porque creen que es muy difícil. También abundan los profesionales que no ascienden en sus empresas, porque le temen a los riesgos de ser supervisores o piensan que pueden fracasar en las difíciles decisiones que deben tomar como gerentes y altos ejecutivos.

Una cosa es cierta, si dudas de tus posibilidades, nunca lograrás esa meta que te apasiona. No es posible triunfar si “te muerdes las uñas” ante los riesgos que todo proyecto, aspiración, deseo o anhelo, lleva consigo.

Por el contrario, cuando te llenas de valor, de firme decisión y de un sentimiento interno muy sólido de confianza en tí, las metas se hacen alcanzables, aunque las mismas impliquen superar duros y complicados obstáculos.

Recordar un adagio en liderazgo que reza: “Si sientes temor al asumir un reto, simplemente hazlo con temor y verás que pronto no habrá miedos, sino grandes satisfacciones”

Lo recomendable, apreciados lectores, es que usted evalúe bien ese logro que desea. No debe ser superficial en la evaluación, ni intente “minimizar” los riesgos y dificultades que deberá enfrentar. Tampoco debe “maximizar” esos riesgos y hacerlos insuperables, porque eso implica que usted se sienta “pequeño” ante ese riesgo y ello puede elevarle sus dudas e inseguridades.

Lo acertado es medir, lo más sereno y racional posible, esos riesgos y luego haga su estrategia para superarlos. Comience con pequeños pasos, en la ruta hacia su objetivo, Vaya evaluando sus avances y llénese de ánimo y optimismo ante cada paso o avance logrado. Siempre crea que la meta es alcanzable (aunque sea subir al monte Everest) y alimente su autoconfianza. Observará con grata sorpresa que usted avanza y se va acercado a su ansiada meta.

Finalmente, haga acopio de entereza, perseverancia y voluntad de “acero” para no deprimirse ni debilitarse ante las adversidades. Con esa perseverancia, tenga la seguridad que antes de lo previsto, usted estará en la “cima” de su meta.

¡En sus manos, corazón y cerebro, está el éxito!

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Waldo Negrón

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