Con las manos vacías regresó de Caracas delegación del aluminio

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Con las manos vacías llegó de Caracas la representación sindical del aluminio que junto a los presidentes de las empresas básicas sostuvo un encuentro con varios ministros: Juan Arias por Industrias Básicas;  Néstor Ollarve,  del  trabajo y Ricardo Menéndez, de Planificación.

El lunes inició el encuentro a las 9 de la mañana y culminó pasada las 5 y 30 de la tarde sin nada.

Los ministros pidieron más tiempo para hacer las evaluaciones económicas pero la realidad para el sector aluminio es oscura.

Con una nómina en conjunto que supera los 40 mil trabajadores o sea unas 200 mil personas habitantes del estado más grande del país y con cerca de 80 a 100 celdas produciendo, de un universo de 600 celdas que había hace 7 años, la situación no pinta fácil.

El gobierno revolucionario, humanista, socialista del Siglo XXI acabó con el sector de las empresas básicas en menos de 10 años.

Claro hay una contradicción en el socialismo y la destrucción del sector de empresas básicas pues para los conocedores del socialismo, el Estado sustenta su desarrollo en las empresas básicas, es decir, energía, combustible y transformación de materia prima.

En Guayana pasaron los huracanes Álvarez,  Rodolfo, Khan, y Arias y sí se me olvidó alguien, perdonen, la edad ya me pega, y el sueño de una economía no petrolera en el estado Bolívar, se quedó en pesadilla.

Pero los trabajadores, sus familiares y los sindicatos parecen no darse cuenta de esta realidad y siguen pidiendo como novia virgen antes de la noche de bodas.

Ya ni Estados Financieros o metas de producción existe en ninguna de las empresas básicas. Pareciera eso una política de Estado, que cumplen a cabalidad, sin prisa pero sin pausa, como dijera algún cursi por allí.

 

¿Cuál es la situación?

En Bauxilum, mientras el sector sindical insiste en que la planta está paralizada hace más de 20 días por problemas técnicos, la empresa envía notas a la prensa hablando sobre como contribuye con el planeta en el ahorro de energía, cosa que por lo menos es positiva pero que indica que no está funcionando.

En Carbonorca, los trabajadores no hacen absolutamente nada más que cobrar. Lo bueno de todo es que no hay pago por sobretiempo pero tampoco hay records de producción porque no se tienen ni clientes.

En Alcasa, acaban de disminuir el horario laboral hasta las 11 de la mañana al área administrativa porque no hay como ofrecer el servicio de comedor. Alcasa le debe una vela a cada santo y ha quebrado muchas empresas de servicio alimentario.

Allí como en Bauxilum hicieron importantes inversiones, pero así como en Bauxilum, tampoco hay nada.

Seguramente eso se debe al desconocimiento del negocio para el Estado; a la falta de insumos, de energía eléctrica y al manejo de la empresa venezolana como una compañía propiedad del grupo político de turno. Ese esquema se repite en Alcasa y en Bauxilum.

En Venalum hay que hacer un aparte. La empresa técnicamente destruida es más rentable si la cierran que si la alquilan porque entre el exceso de personal que en aras de la campaña política se hizo crecer  exponencialmente y los problemas técnicos que significaron la paralización de casi todas las celdas y que al final quedarán menos de 100 (y a lo mejor exagero, porque deben ser menos de 50), nadie puede asumir el costo que significa llevar la planta. Ni siquiera el dueño de Glencore, Roberto Weill, quiere ese calamar.

Así como el gobierno nacional acaba de entregar la plataforma petrolera en la Faja a los chinos, tendrá que hacer lo mismo con el sector aluminio para que se continúe produciendo aluminio primario.

De lo contrario, todos los beneficiarios de los cupos de aluminio, léase ejecutivos y sindicalistas, van a quedar por fuera. Porque el país hace tiempo que no importa. A las pruebas me remito.