Crítica y peloteo distractor

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Maryclen Stelling
El 2015 llega a su fin, nos pone contra la pared e inquiere: ¿Existe realmente una disposición sincera a dialogar, establecer compromisos, negociar o lograr acuerdos mínimos? En un contexto irremediablemente polarizado, ¿es posible la convivencia democrática gobierno-oposición? ¿Realmente hay la intención de rectificar?

Los resultados del 6D complican aún más el panorama ante la imperiosa necesidad de administrar el triunfo y la derrota. Desde la efervescencia de la victoria y el desánimo del descalabro electoral y, mientras la situación se agrava, asistimos, cual espectadores, a una lucha de poderes y un preocupante forcejeo entre las dos fuerzas políticas que disienten en torno a la naturaleza y envergadura de la crisis, los factores causales, las responsabilidades y la estrategia de abordaje.
De espaldas a la nueva realidad política y en momentos de urgente revisión crítica, oposición y gobierno permanecen enganchados a los mismos argumentos, no asumen responsabilidades y continúan jugando a echarle la culpa al otro.
El llamado realizado por el ejecutivo a la crítica y autocrítica se desprende del propio veredicto electoral, suerte de severo ejercicio democrático de evaluación crítica en las urnas. Invitación que irrumpe con la creencia inhibitoria que «la crítica le hace el juego a la derecha» (Mempo Giardinelli: «Paisaje después de la batalla y la autocrítica que falta», Página 12).
La convocatoria a tal ejercicio crítico y autocrítico encuentra respuesta en voces de izquierda y en Asambleas Populares, mas no así en el liderazgo político y menos aún en la conducción del proceso y alto funcionariado en general. Concordamos con Giardinelli en que «las autocríticas son necesarias aunque a algunos les moleste y otros cuestionen la oportunidad». En ese sentido, desde la ciudadanía abundan las radiografías electorales, el ejercicio mediático reflexivo y se asoman algunos diagnósticos y propuestas rigurosas.
Ante una percepción de negación de la realidad, paralización e inacción oficial, se levantan voces críticas demandando rectificación y acción. El gobierno parece posponer la autocrítica y juega en el terreno de los estertores de la AN actual.
Traspapelados en el peloteo, irrumpe en la ciudadanía y en la militancia el desaliento y el desánimo.