Crónica de Enrique Bernardo Núñez

0
204

Imagínense por un instante un ente sin historia. Salido de la mano de Alá, Jesús, Geova, Yave…in illo tempore…; o del averno azufrado donde el alma de pranes y dictadores enjuagan sus pecados…¡Dios!; cuanto drama en los mitos; ¿No?. Por eso se requiere de la crónica y de su hacedores los cronistas para que al reencarnar el pasado podamos vivir el presente con inteligencia y divisar un mejor futuro. En Venezuela, muchos relatos son una mezcla, un tanto atípica, elaboradas, a veces, por historiadores serios (científicos de la heurística y hermenéutica), escritores trasnochados y fantasiosos, cuenta cuentos populares y, últimamente, charlatanes ignorantes que por cierto, sólo se dedican a las épicas amargas de mantuanos, con cara de simios y revolcones de pacotilla. Pobres…; querer no es poder. Hay que estudiar y formarse para ser un verdadero cronista.

Pero Venezuela ha contado con excelentes cronistas. Resumo mi crónica… Aprendí de libros y letras en El Rincón, tuve esa suerte….; se trató de la vieja casona del inmenso cronista nacional, Enrique Bernardo Núñez. Lo conocí por su retrato, su fastuosa biblioteca que recuerdo todos los días al entrar a la mía, pues mis estantes modestos y mis libros, no se asemejan a la de él. Nunca he visto otra que la supere, a no ser por las grandes bibliotecas públicas. También, como fantasma…; ya van encontrando mis dotes de escritora queridos lectores.

 

Fantasía con miedo que paraliza son ingredientes para escritores y locos. Al entrar a su biblioteca el terror y admiración me dejó sin aliento hasta hoy. El fantasma estaba allí. No lo veía, pero lo sentía con fuerza. Un ente que me imponía su presencia doblegando mi aliento. Miles de libros. Luego, la estupenda Mercedes Burgos de Nuñez no los presentó a través de su crónica enamorada. Del cronista de Caracas guardo el relato amoroso de su esposa, que hasta el día de su muerte la acompañó. El fantasma de Don Enrique Bernardo Nuñez vivió en el Rincón todos los días hasta que los dos, tomados de la mano desaparecieron de este mundo, levitando como ángeles por encima de la Caracas de los techos rojos que a él siempre le impresionó.

 

Últimamente, se realizó la convención de cronistas de Venezuela y su asistencia fue pírrica. Por cierto, Aragua detenta el cetro de la presidencia. Pocos municipios del país trabajan con acierto el ámbito de su crónica. ¡Claro!, para los politiquitos municipales eso no da votos, ni contratos, componendas. No hay mucha municipal y para políticos poco letrados…mal de nuestro país…; es un eufemismo la cultura, la historia y las buenas letras… Pero si no se habrán leído ni un suplemento de comiquitas ¿Ven? La ignorancia resplandece por doquier de la mano de charlatanes hipnotiza tontos.

 

Será vital hacer una campaña por el rescate de la crónica seria. Sin hablar de los traumas y fantasías propias…; que si la morrocoya, el cuento de mi antepasado, las imágenes de mi locura sobre los patriotas y los cuentos de mi pueblo que…sin duda…pueden tener gran valor contextual, pero no son crónica. ¡Lo lamento! Ésta, no se presta al servicio de ideologías y personas…Deberá para que tenga fuerza reencarnar la verdad, que siempre en ciencia social es un trabajo titánico. ¡Éxito a los nuevos cronistas y los que están por venir y que el espíritu de Enrique Bernardo Núñez y sus techos rojos…no rojitos…los acompañe!

Economista y Doctora en Ciencias Sociales.