Cuestión de Criterio: El fascinante mundo de las colas en Venezuela

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Las colas constituyen un mundo fascinante. Y no nos referimos a las colas de perros y gatos. Y mucho menos tenemos que ver con la dirigente oficialista, Jacqueline Farías, quien confesó que le parece “sabroso” estar en una cola para comprar alimentos. El tema que nos ocupa es el de las colas y filas de personas que sufrimos los humanos allá donde vayamos. Sea donde sea hay alguna cola que nos va a hacer esperar, como sucede en esta querida Venezuela del año 2016, en donde la providencia nos dio la virtud de la paciencia, gracias a lo cual somos capaces de aguantarlas. ¿Por qué? Porque es un mundo fascinante, sin duda…

Lo primero en lo que nos fijaremos de una cola es que existe. Sí, amigos, las colas son fascinantes, pero ojo, a veces son escurridizas. Tú llegas a un sitio que tú crees amigable, un lugar apropiado para ti en el que quieres ir a una taquilla o donde sea, y la cola, no sabes cómo, está escondida. Te acercas al mostrador porque no hay nadie y te ubicas. “Qué bien, he llegado el primero”. Ante todo ten en cuenta una cosa, la gente que hace cola nunca está de buen humor, es decir, la arrechera abunda en el ambiente. No los provoques. Una persona que se cuela delante de personas que llevan tres horas esperando no está bien vista. Por lo tanto, si no has visto la cola, cierra la boca y huye.

Sucede que hay dos tipos de “coleros” (gente que habita en las colas). El primero es el esperador. El esperador es paciente y mantiene su turno en su sitio en todo momento y circunstancias (como es el caso de los “bachaqueros” –o revendedores–), quienes ante una posible intentona de colarse alguien, el esperador soltará toda su furia contra él.

Y luego tenemos a los “coleadores”. Muy importante, no confundir con los “coleros”, que son todos los que forman la cola. Los coleadores son aquellos que se intentan colar en alguna cola con la típica excusa de: “Yo ya estaba aquí y yo a usted no lo he visto en mi vida”, la clásica. El caso es que los “coleadores” intentarán colarse, valga la redundancia, siempre que tengan la ocasión ya que son personas poco propensas a esperar.

El caso es que estos dos tipos de personajes coleros se encuentran siempre y provocan no pocos zaperocos. Siempre hay alguien dispuesto a colarse y siempre hay alguien dispuesto a impedirlo. Para que nos pongamos en situación, hay dos tipos de colas básicas: las que están numeradas y las que no. Las que están numeradas, como es el caso de las relacionadas con el número terminal de la cédula son fáciles de llevar.

El problema está en las no numeradas, como es el caso de las colas de “fila de personas”. Este tipo de colas predominan en los supermercados así, como también en el banco. Estando por cierto en una cola del banco para pensionados, de repente alguien nos tocó en el hombro y nos preguntó: “¿Ésta es la cola?”, a lo que respondimos con arrechera: “¡NO. Este es mi hombro, no la cola”.

La cola de “fila” es la típica cola que vemos por todas partes a lo largo y ancho de nuestra Venezuela socialista. Aquí la suerte radica en el hecho de que elijas bien la cola. Y ocurre que la cola de al lado siempre va más rápida que la tuya, y si te cambias, la que irá más rápido es la que en donde estabas.

Por lo tanto estas colas son los sitios donde más aumenta la pillería y donde más piques hay entre los “coladores” y los “esperadores”. Sobre todo en los supermercados del gobierno, llámense Bicentenario, Pdval, Mercal, etc., en donde los “rolos de vivos” de bachaqueros dejan las canas en la cola.

En definitiva, que a los humanos y, muy especialmente a nosotros los venezolanos, parece que nos gusta el oficio de coleros, ya que tenemos una tendencia innata a hacer cola. Así que si hacen cola, echadle paciencia, -y bolas- que hace falta, y mucha. Qué si no fuera por la paciencia, ni existirían las colas, ni existiríamos nosotros.

El detalle que faltaba: Los venezolanos tenemos una referencia histórica: ¿Saben quién fue el primer coleador?: Cristóbal Colón, porque fue el primer europeo que se “coló” en América.