Del “por ahora” al “expropiar es robar”

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La historia contemporánea venezolana se puede circunscribir a dos frases expresadas en momento cumbres. Son la simbiosis de una invocación que define nuestro laberinto nacional.

La derrota del 4 de febrero del año 1992 nos hizo conocer a Hugo Chávez. El gran fracasado de la intentona golpista logró transformarse en el héroe de millones de ingenuos. Pocas veces un tembleque gladiador de espada cobarde se hacía del fervor mayoritario. En medio de su desdicha pronunció el apocalíptico – por ahora- que sirvió de inspiración para el posterior desfalco nacional. Saquearon al país de manera inmisericorde.

Amparados en la popularidad del comandante muerto se hicieron de una fortuna. El militarucho que traicionó los principios que juró defender fraguó una revolución que deambula entre el circo y el manicomio. Los ingentes recursos generados por la renta petrolera fueron la base de sustentación de un proceso totalitario que buscó robarnos hasta el oxígeno. La impunidad rampante se hizo tan profunda que comenzó a carecer de una precisión de lo que significaba el asalto absoluto de la nación.

El dogma alborotador necesitaba de una sentencia. Fue entonces cuando el mundo escuchó el atronador: «Expropiar es robar»´. La valiente demócrata María Corina Machado lograba colocar el dardo en el centro de la diana. La espectacular corrupción y ruina moral en todos los órdenes obtenían una verdadera definición de lo que significaba toda su obra de iniquidades. El gran caudillo recibía una felpa en pleno show presidencial en cadena nacional. El submundo adulante quedaba perplejo. Hugo Chávez con los ojos crispados de la rabia estaba al descubierto. Jamás pensó que alguien se atreviera a cuestionar su proceder.

Aquel día, preparado para magnificar al hombre en su trono; terminó con una resquebrajadura que comenzó a traspasar su piso de protagonista perpetuo. Los medios de comunicación llevaron la noticia a todos los confines. Desde Montevideo hasta Tombuctú, pasando por las estepas rusas con rumbo a Escandinavia. El paradigmático líder que se creía un ser inexpugnable, cuestionado por una extraordinaria venezolana que no se dejó intimidar por la jauría. En el hemiciclo de la Asamblea Nacional la tensión se cortaba con cuchillo. La cofradía de sombríos personajes del opíparo festín nacional estaba en shock. En una suerte animación suspendida, esperando que su ídolo reaccionara con la velocidad del rayo. Lo hizo profiriendo su tradicional retahíla de idioteces. Sin embargo el golpe estaba dado. Era la primera vez que él no imponía la agenda mediática. María Corina Machado lo redujo al triste papel de no ser la noticia. Eso lo irritó de tal manera que ordenó perseguirla en todo momento.

El deceso del patriarca aceleró todo aquel enjambre de terror. La golpean salvajemente en plena Asamblea Nacional con la anuencia de Diosdado Cabello, le prohíben la salida del país para posteriormente: inhabilitarla con una burda argumentación jurídica. Todas sus actividades son vigiladas por los cuerpos de seguridad del estado. En el tratamiento que le dan en sus espacios oficiales se nota la inquina que le tienen al ser ella quien desenmascaró a la mentira.

Como si se tratase de una fábula milenaria los dos enunciados se encuentran. En el frontispicio de su posteridad son la clave para entender el acertijo. Hugo Chávez con la derrota en el paladar habló del «por ahora» marcando una hoja de ruta. María Corina Machado llamó al robo por su nombre. La libertad pudo al fin. Enrostrarle al personaje de marras toda la verdad de su traición a la patria…

@alecambero