Disculpe el señor Serrat

0
243

Josué D. Fernández (*)

En Venezuela se puede comprobar hoy que para vivir “colgado de un barranco,”  no hace falta  “dormir en un pueblo blanco”. Tampoco “dejar la vida” en el Mediterráneo, “tratando de ponerla a salvo”. Desde hace cerca de un quinto de siglo, aquel país visitado por usted de joven en los años setenta y más acá ─aunque poco─, tal vez no lo sepa pero está poblado ahora por mujeres y hombres, niños y ancianos, que sortean como nunca antes su sobrevivencia en cerros y ranchos, o en los barrios de más abajo da igual,  con penurias sin precedentes por escasos e impagables alimentos y ausencia de medicinas, o en las calles con el azote de una delincuencia sin freno. La suerte ha empeorado con la renombrada etiqueta de “Socialismo Siglo XXI”, la cual tal vez haya oído antes.

Otra característica particular de la escena caribeña, a diferencia de la de los altos montañosos mediterráneos, es que por aquí nadie se “olvida de llorar”, según el “Observatorio Venezolano de Violencia” (OVV) que estimó (**) para 2016 una tasa de 91,8 muertes violentas por cada cien mil habitantes y un total de 28.479 fallecidos en todo el territorio nacional.” “La violencia se ha incrementado por la ocurrencia de delitos vinculados al hambre como resultado de la imposición de políticas económicas equivocadas que desencadenaron una severa crisis de carestía y escasez de alimentos; el incremento de los linchamientos por la población; y las acciones militares y policiales que emprendió el gobierno nacional con prácticas de dudosa legalidad.”

”Venezuela se ubica en el segundo lugar de los países con mayor violencia letal en el mundo, por detrás de El Salvador, que según las estimaciones del OVV, al igual que en 2015, tendrá una tasa alrededor de los 100 homicidios por cien mil habitantes (el año pasado fue de 103); en tercer lugar se situará Honduras, con una tasa cercana a los 60 homicidios por cien mil habitantes (el año pasado fue de 56)”. De acuerdo con el OVV, al finalizar 2016, Venezuela tendría una tasa de muertes letales 3,6 veces mayor que las de Colombia y Brasil.

Disculpe el señor Serrat, pero el asunto se agrava al encontrar que la riqueza reciente por precios extraordinarios del petróleo  se quedo en pocos bolsillos, muy lejos de los más necesitados. La historia repetida en sucesivos índices de percepción de corrupción de Transparencia Internacional (TI), entre 177 países incluidos en el reporte, Venezuela estaría en el puesto 160, con 20 puntos de 100. De los países latinoamericanos, solo Haití está por detrás de Venezuela, con 19 puntos. Y Somalia, Corea del Norte y Afganistán -con 8 puntos- son considerados los países más corruptos del mundo. Desde que se empezó a publicar el reporte, en 1993, Venezuela siempre ha figurado entre los países considerados más corruptos. Por lo visto, alguien tiene por aquí algo que no le pertenece, y machaca la canción a Santa Rita en son tropical.

Disculpe el señor Serrat, desde este lado del Atlántico le agradeceríamos el inmenso favor de incluir a menudo en sus conciertos, la  excepcional interpretación  que hace usted de la tonada “Sabana” del compositor criollo Simón Díaz (QEPD).  El obsequio podría aderezarlo al principio o al final, contando que la diáspora venezolana recorriendo el mundo, como los españoles durante la dictadura de la mitad del siglo XX, anda en busca del horizonte que le fue saqueado en su tierra, y rechazan el mote despectivo de “sudacas”.  A cualquiera de ellos se le aprieta el corazón… No ver más tu amanecer, ni al cimarrón, ni la mata, ni la garza que levanta. Con el cabresto te dejo, amarrados, mis amores. Gota a gota que te cuente mis penas el tinajero”.

(*) https://about.me/fernandez.josue

https://twitter.com/jodofeal

(**) El informe fue elaborado con datos de fuentes primarias oficiales y con las informaciones de terreno recabadas por grupos de investigación de seis universidades nacionales en los seis Observatorios Regionales de Violencia: la UCAT en San Cristóbal, la UDO en Cumaná, la UCLA en Barquisimeto, la UCAB en Guayana, la ULA en Mérida y la UCV en Caracas.

El OVV resalta la censura oficial de información sobre criminalidad y seguridad ciudadana, “ya son trece años en los cuales el Instituto Nacional de Estadística (INE) y el Ministerio para Relaciones Interiores, Justicia y Paz, incumplen con su obligación de entregar a la sociedad la información oficial sobre delitos conocidos por la policía”.

A fin de mejorar la calidad de la información, el OVV solicitó y contó con la asesoría del equipo de Human Rights Data Analysis Group (HRDAG) para certificar los procedimientos empleados.