El adiós de Dilma

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Brasilia.– Combativa, sin derramar una lágrima y por la puerta delantera: Dilma Rousseff se despidió del poder aplaudida por cientos de seguidores, pero a sabiendas de que probablemente nunca más vuelva a gobernar Brasil.

«Estoy triste, pero ustedes hacen que esa tristeza disminuya», lanzó Dilma, como es popularmente conocida, al abandonar el gubernamental Palacio de Planalto con sus 54 millones de votos en la maleta y acompañada de Luiz Inacio Lula da Silva, su antecesor y mentor político.

Fue presidenta de Brasil hasta este jueves. El Senado la separó de su cargo para que responda a un juicio por supuesto maquillaje de las cuentas públicas, que la mandataria calificó de golpe de Estado.

Ministros, asesores, diputados y senadores aliados también estuvieron allí, cabizbajos, decaídos por el fin de 13 años de gobiernos de izquierda.

En las afueras del monumental edificio donde trabajó los últimos cinco años y medio, Dilma repartió abrazos, apretones de mano, recibió flores, globos y palabras de aliento. Después subió al auto y se retiró a la residencia presidencial de Alvorada, donde concentrará las operaciones de su defensa.

Consignas como «¡Dilma, guerrera, del pueblo brasileño!» y «¡Golpistas, fascistas, no pasarán!» sonaron con fuerza dentro y fuera de Planalto.

Antes de ceder su oficina al presidente interino Michel Temer, la mandataria se dirigió al país.

«A los brasileños que se oponen al golpe, sean del partido que sean, les hago un llamado, manténganse movilizados, unidos y en paz», dijo desafiante.

En su último discurso a la nación, vistió de blanco y no del rojo característico del Partido de los Trabajadores (PT), con pantalones negros y pendientes de perlas.

Al entrar a la sala, mantuvo su siempre severo carácter y mandó a callar las consignas y parar los aplausos para comenzar a hablar, rodeada de todos sus ministros, diputados y senadores.

La lucha

El rostro cansado no se dejó vencer a la hora de repartir sonrisas para agradecer el apoyo bajo el sol infernal del mediodía en Brasilia.

No había mucha gente, lejos de la masiva fiesta que se reunió para recibirla cuando asumió el poder el 1 de enero de 2011. Su militancia también está resignada.

Desde los grandes ventanales de Planalto, muchos funcionarios vieron a Dilma partir. Después de caminar casi una cuadra, el auto le esperaba. Antes de partir, dio algunos pasos atrás, miró a Planalto y les lanzó un beso.

Y a toda velocidad se perdió en la enorme avenida que conduce a su nuevo destino… La lucha, una de las últimas palabras de su último discurso.

Reacciones

El presidente Barack Obama «continúa teniendo confianza en la solidez de las instituciones democráticas de Brasil para enfrentar la crisis política», dijo el portavoz del gobierno estadounidense, Josh Earnest.

«Pretendemos respetar las instituciones, tradiciones y procedimientos gubernamentales», añadió Earnest durante su acostumbrada rueda de prensa diaria.

En la misma tónica estuvo el gobierno de Argentina, que además ve una oportunidad de refundar Mercosur. Sin embargo, los frentes opositores de izquierda vieron en las declaraciones oficiales lo que consideran «un reconocimiento al golpe institucional» contra Rousseff.

Entre tanto, el secretario general de Unasur, Ernesto Sampero, aseguró desde Quito que «si se continúa en este proceso, podríamos llegar a una ruptura que tendría que llevar a analizar a los países la aplicación o no de la cláusula democrática».