El amor en el cine

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El amor es un tema olvidado (no se confunda con romance). Ático sin ascensor ahonda precisamente sobre este sentimiento, casi siempre desde la super ficialidad del género, una especie de comedia romántica de la tercera edad, que en ocasiones da en el blanco y se adentra sin titubeos en situaciones cuyo fin es hablar con sinceridad, nostalgia y con cierto tono rosa, de las relaciones de pareja y del amor. ¿Qué es finalmente el amor? Richard Loncraine se muestra asertivo en casi todas las acepciones que expone y explora en su película.


También Michael Haneke hizo lo propio en su última obra, Amor (2012). Hago la comparación porque también sus protagonistas son una pareja de ancianos y el amor, es claramente otra cosa para quienes llevan juntos mucho tiempo y para quienes la edad, les ha proporcionado la facultad de contemplar la vida y el mundo, de una forma que nos es ajena al resto. Véase, pues, el carácter despreocupado de Morgan Freeman. O el gesto simplificado de la muerte ejecutada por Jean-Louis Trintignant; un gesto lleno de amor.
Pero iré más allá: El amor estaba también en la necedad en Conduciendo a Miss Daisy (Bruce Beresford, 1989) y en el reencuentro final de Chico y Rita (Trueba, Mariscal y Errando, 2010), en la conformidad de ella, en la esperanza de él y en las manos arrugadas de ambos. Donde yacía también una preciosa metáfora. De allí que todas estas parejas, ancianos unidos en relaciones inagotables, renovadas con el tiempo, agotadas y recicladas, cobren sentido en esto que trato de explicar y que es un tema que retorna y se refresca, en esta ocasión, en favor de un cine comercial mediocre. La virtud de los grandes actores que son Freeman y Keaton (Diane), les permiten recorrerse la lista entera de asuntos, y además, el uso del flashback, estupendamente empleado, aporta una dimensión mucho más rica, juega con la sensibilidad del espectador y ayuda así a encontrarse con la lágrima, con la emoción o simplemente con el reflejo inconsciente del yo espectador en la película. También pareja, también enamorado, también lleno de amor.

Me gusta mucho que la historia transcurra en pocos días, y que la sensación del paso del tiempo sea tan real. Los hilos conductores (el accidente sobre el puente, la compra de la casa), hacen que estemos obligados a dirigir la mirada sobre lo que es realmente esencial. La imperfección de la pareja, las diferencias que les unen, los recuerdos que les mantienen ilusionados… Sí, quizá es todo muy idealizado, tal vez todo apunta de nuevo a la esencia de la comedia romántica de manual, pero es sin duda, un gran intento de hacer buen cine desde los estereotipos comerciales.

gvargaszapata@hotmail.com