¡El cambio es difícil!

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Ésta es una opinión tan ampliamente aceptada, que muchos no nos preguntamos si es cierta o no; y la mayoría ven el cambio como una montaña difícil de escalar.

Sin embargo; es muy típico que en Año Nuevo, esta misma mayoría hagan toda una lista de resoluciones u objetivos a cumplir, los cuales casi siempre terminan fracasando. Las estadísticas nos muestran que  el 25% de las resoluciones (de acuerdo a estudios realizados), se abandonan en el primer mes de haberlas planteado, y únicamente aquellos que lo han intentado al menos seis veces, consiguen tener el éxito en lo que se han propuesto.

En las empresas, también son difíciles los cambios y el logro de objetivos, a pesar de todos los libros sobre negocios que presentan fórmulas rápidas, y predican soluciones para los directivos que buscan vías veloces para motivar al personal que se resiste; son libros que se convierten en best-sellers; pero esas fórmulas en la práctica, al igual que las personas terminan  fracasando.

Contrariamente a la opinión general y a las estadísticas, el cambio ya sea personal o en los negocios, no debería resultar ni doloroso, ni inalcanzable; y tampoco debe ser una respuesta radical a una situación grave, siempre y cuando se cumpla con dos variables importantes: estar plenamente convencido de que se requiere y debe hacerse,  y estar comprometido con el cambio a efectuar, haciendo pequeños pasos constantes y continuos hasta alcanzar el más complejo de los objetivos.

No importa lo grande o pequeño que sea el objetivo, siempre hay un inicio. Helen Keller, la escritora americana sorda-ciega, dijo: “Añoro cumplir una tarea grande y noble, pero mi principal obligación es cumplir pequeñas tareas como si fueran grandes y nobles”. Estar convencido, y saber que un gran viaje comienza con un primer, segundo y tercer paso….son las claves para llegar al objetivo del más largo camino.

Pero aunque parezca simple, el mundo en general odia el cambio, sin darse de cuenta que ha sido el gran impulsor del progreso, y especialmente hoy en día cuando vivimos en un momento de la historia donde el cambio es tan acelerado, que en cuanto empezamos a ver el presente, ya ha desaparecido. La vida cambia; pero… ¿Cuándo cambiamos nosotros?

¿No tengo tiempo? ¿Estoy demasiado ocupado? ¿Mañana comienzo? Son meras disculpas, sin darnos cuenta de que nada ni nadie cambiará, si no cambiamos nosotros. ¿Quieres hacerlo? , ¿Puedes hacerlo? ¡Por qué no lo haces! Mi madre me solía decir: “Carlos, cuando no se puede lo que se quiere, hay que querer lo que se puede”

En un artículo pasado, hablaba acerca de las expectativas que deben ser reales, y las metas alcanzables; donde tengamos la posibilidad de que se pueden lograr, y no sean disuasorias por su magnitud; ya que a la mayoría les da miedo, y muy pocos afortunados son capaces de transformar el desafío en entusiasmo, y revivir cada vez que están delante de un gran objetivo.

¡Querer es poder, que se pierde al no querer! Y si tenemos sueños; pero no estamos dispuestos a despertar, y a pagar el precio para hacerlos realidad, siempre tendremos que apelar a las disculpas estériles, para auto-justificar nuestra falta de voluntad y constancia, y el compromiso firme de cambiar, para así mejorar nosotros, y la sociedad en que vivimos.

¿Tienes miedo al cambio? ¿No tienes coraje? Como decía Mark Twain “El coraje es resistencia al miedo, no ausencia del miedo”

No busques culpables o excusas, mírate al espejo: ¡El culpable eres tú!