El derecho de gobernar sobre la naturaleza

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El hombre y el animal necesitan del contacto con la tierra y con la naturaleza, pues los cuerpos físicos son cuerpos de la naturaleza y están sujetos a las leyes de la misma. Y a causa de las plantas de un edificio, puede decirse que están despegados del suelo, de la tierra. Esto provoca con el tiempo que al hombre y al animal les falte la relación con la tierra. Esta falta de contacto causa en el hombre y en el animal falta de sensibilidad, y en muchos casos un comportamiento descuidado. Con motivo de ello muchas personas casi ya no se respetan a sí mismas y mucho menos como hombre, cuyo ser es divino. Esta indiferencia y pasividad influyen también sobre su actividad en el puesto de trabajo, que es llevada a cabo en parte sólo a medias.

Al vivir en edificios altos, en rascacielos, al estar unos al lado de otros, unos debajo y otros encima de otros, el hombre se ha separado casi de forma hermética del hombre y de la naturaleza. Así ha ido disminuyendo la comunicación con la vida del mundo mineral, vegetal y animal o se ha interrumpido en parte completamente, según el estado de consciencia del hombre. Del egoísmo de muchos hombres, del «mío» y «para mí», creció la ambición de poder. El hombre se convirtió en el dominador que se atribuyó el derecho a gobernar los reinos de la naturaleza, simultáneamente quiso someter la Tierra de forma cruel. Pero este comportamiento no es divino.