El día que la juventud tomó las riendas

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«Entendimos  que el Día de la Juventud era el día de la reivindicación de los guayaneses. Después de tanto daño que le hicieron a nuestra tierra, no podíamos quedarnos callados. Y así fue. Ese llamado fue la chispa que encendió a una maza indómita de venezolanos que a través de gritos, consignas, aplausos, lágrimas y largas caminatas le hicieron saber al gobierno regional y nacional que Guayana estaba despierta y estaba molesta», así comenzó la conversación con Ligia Delfín, dirigente estudiantil de la Universidad Católica Andrés Bello, quien se mantuvo inclemente en la protesta iniciada el 12 de febrero de 2014.
La convocatoria a marchar por parte de un grupo de líderes políticos venezolanos, que hoy aseguran ser perseguidos del gobierno del presidente Nicolás Maduro, se extendió. Pasó de la semana, del mes y de los cien días. La juventud venezolana se concentró en las calles para reclamar alimentos, seguridad, justicia, libertad, paz y unión. Pero sobre manera, la «renuncia de Maduro». Eso se leía en las pancartas que usaron en sus recorridos.

«Lo que sucedió en Guayana lo describo como el accionar de un pueblo que, estando indignado por tanta desidia e incompetencia, usó mecanismos constitucionales para protestar en la calle», expresó Rafael Tirado, dirigente estudiantil de la Universidad Gran Mariscal de Ayacucho.

Las emociones se encontraron en todos los escenarios. Hubo voluntad de tomar los espacios públicos para compartir un mensaje, un descontento, pero también hubo coraje por parte de algunos jóvenes que no dudaron en enfrentar los imprevistos de la naturaleza ni mucho menos la criticada actitud de los efectivos de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) que embistieron las protestas en todas sus direcciones.

DE ESPALDA A LOS DDHH
Casi un año después, el ministro de la Defensa, Vladimir Padrino López, autorizó la aplicación del «método del uso de la fuerza potencialmente mortal» ante la «creación de una situación de riesgo mortal», esto para «controlar las protestas».

Para Tirado, el anuncio significó «firmar la pena de muerte de los venezolanos, es seguir violentando los derechos humanos (DDHH), seguir demostrando que quieren perpetuarse en el poder, cueste lo que cueste». Con él coincidió la futura educadora, y afirmó que «el Gobierno ratifica que hoy quiere legalizar la pena de muerte a quienes pensamos distinto, justificando la violación de los derechos humanos».

Al mismo tiempo, recordaron que su llamando fue a marchar pacíficamente y que en las manifestaciones «se infiltraron personas que incitaban a la violencia mientras reinaba un clima de tranquilidad y sana convivencia», según la ucabista.

JUSTICIA, CORAJE Y CONVICCIÓN
«Jamás olvidaré cómo se desató la euforia de los guayaneses luego que nos enteramos que Bassil (Da costa) había fallecido en una manifestación en Caracas. Pasaron las horas hasta llegar la noche y la gente seguía igual de enardecida, fue cuando supimos que otro estudiante había caído: se trataba de Robert Redman. Los guayaneses de forma espontánea dijimos ‘la plaza es nuestra y nos vamos a quedar'», rememoró Delfín.

El lugar al que se refiere la joven es la Plaza Monumento de la CVG, ubicada en el centro de Puerto Ordaz, donde los ciudadanos se reunieron para iniciar su protesta pacífica y elevar sus exigencias a través de consignas. Este no fue el único punto de concentración, hubo varios, pero sí el más emblemático.

«Lo que vivimos fue el fruto de la organización de varios meses. Nuestra intención era marcarles la ruta a los guayaneses. Ver a habitantes de San Félix y Puerto Ordaz luchando por una misma causa fue sinónimo de regocijo. Vimos que había determinación, porque salieron voluntariamente, que existían convicciones que iban más allá de las ideologías, edades, status económicos, y que cuando se trata de Venezuela nos embarga un sentimiento de lucha unificado para conseguir los objetivos», complementó Tirado.

«EL DESPERTAR DE LA CONCIENCIA»
Cada casa de estudio del estado y del país tiene su centro de estudiantes y estos se ven agrupados en los diferentes movimientos estudiantiles. Independientemente del partido político que sigan o de la visión de nación que tengan, se han unido para defender su educación y luchar por sus derechos como ciudadanos.

Los dos jóvenes que hoy son parte de esta edición documentaron cada episodio, cada suceso, cada enfrentamiento, porque no todo se desarrolló «en sana paz». Colectivos, motorizados y funcionarios policiales se enfrentaron con los manifestantes. Hubo disparos, insultos, perdigones, heridos y hasta muertos. La ciudad lució demacrada, turbia y triste.

«Después de todo, los cambios han sido notorios en la población guayanesa porque tenemos un actitud más férrea, más comprometida con el accionar, ahora somos más críticos al momento de opinar. Se evidencia el despertar de la conciencia de un pueblo», enfatizó el ugmista.

Al mismo tiempo, Delfín expresó que hay más sensibilidad con los temas sociales. «Las múltiples detenciones, la represión desmedida y la persecución afectó mucho a la colectividad. Antes de esto, considerábamos que los gobernantes debían rectificar sus políticas, hoy queremos que se vayan».

UNA NUEVA CONVOCATORIA
El llamado para hoy es bastante claro: salir nuevamente a las calles. Hay dos puntos de partida: el Santo Tomé de Unare y la Unexpo, en Villa Asia. El encuentro se hará en la Plaza Monumento de la CVG, en Alta Vista, donde todo empezó.

«Hoy tenemos nuestras convicciones más firmes que nunca y son más grandes que nuestros miedos», sostuvo Delfín. «Los guayaneses tomaremos las calles de manera pacífica, pero irreverente, ante un sistema que ha limitado las oportunidades de los venezolanos», concluyó Tirado.

LA DEFENSA
Gracias a colaboración de un grupo de abogados que conforman el Foro Penal del estado Bolívar, que recibió un premio honorífico de la Embajada de Canadá, los detenidos tuvieron quien los representara legalmente.

Patricia Borjas fue una de las defensoras. «No fui protagonista en eso, pero tuve la oportunidad de participar en la defensa de jóvenes y profesionales que fueron detenidos arbitrariamente durante las protestas. Funcionarios sin identificación agarraron a los manifestantes y se los llevaron. Sin pruebas, sin explicaciones, sin nada».

La abogada afirmó que se hizo «un trabajo importante» y que no hay ninguno privado de su libertad, aunque algunos tienen régimen de presentación y medidas cautelares que están siendo revisadas por los jueces.

«Agradecemos al grupo psicólogos, psiquiatras y demás especialistas que prestaron ayuda a los detenidos porque las consecuencias fueron drásticas. Hubo violación de los DDHH, actos lascivos, golpes y más. Todo está documentado en un informe que entregamos en Caracas. No defendimos a guarimberos sino a ciudadanos que ejercía su derecho a la protesta».