El ejercicio empresarial es vinculante con la política

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Planteándose la interrogante ¿ES APOLÍTICO EL GREMIO DE EMPRESARIOS?, en consultor empresarial, asesor de Fedecámaras y colaborador de El Diario de Guayana, Jacinto Marín Rojas, desliza sus reflexiones sobre este tema y deja ver sus criterios, en una nota analítica que nos hizo llegar vía correo electrónico.

La reacción del analista se origina, en una profundización de la presencia de los gremios empresariales en la gran discusión nacional por la aguda crisis socio económica y política que conmueve al país y en el evidente agravamiento de la actividad económica, especialmente en el sector del comercio y los servicios, principal actor en el drama de la inflación, la escases de alimentos y de medicinas y por con siguiente, primordial blanco en las acciones represivas del Estado, que no reconoce su responsabilidad en el fenómeno y busca  culpables en el entorno de la iniciativa privada.

La Realpolitik

Dice Jacinto Marín Rojas, que “la pregunta se plantea, porque muchos dirigentes gremiales creen que el gremio no debe meterse en política. ¿Es correcta esa creencia? De ninguna manera, y para decirlo de una vez: los gremios empresariales practican más la Realpolitik que la política por sí misma. Vamos al grano: los gremios hacen ejercicio de la política porque, en principio, hay una relación vinculante entre las empresas y la administración pública, cuya relación se fundamenta en decisiones de carácter político que toman los entes del Estado, las cuales pueden favorecer o perjudicar a las empresas”, sostiene.

Lo realista

A juicio del especialista en asuntos gremiales del empresariado, “la defensa pública o encubierta de los intereses de los empresarios por parte de los gremios, es una manera práctica de hacer política, amén del tradicional y cuantioso aporte financiero que hacen las empresas a partidos y líderes políticos para las campañas electorales”. Añade de seguidas que “hay, inclusos, gremios empresariales que han sido creados y se sostienen, con la bendición del gobierno a cuenta de no criticar su gestión”.

El apoliticismo

Para Jacinto Marín, “el apoliticismo o el no ejercicio de la política, se traducen en una conducta o posición pasiva y de indiferencia ante las decisiones de los entes públicos y los propósitos de las organizaciones políticas, y esa no es, en absoluto, la conducta o posición de los gremios. Apoliticismo es no preocuparse ni expresar opinión ante las actuaciones de los entes del sector oficial, incluidas las actuaciones que vayan más allá del contexto económico”.

Aduce Marín que, “cuando se critica o cuestiona una ley, un decreto o una ordenanza, el gremio empresarial se involucra en la política y por consiguiente, deja de ser apolítico, sin menoscabo de su función principal”. Aclara en este sentido que, “no criticar ni cuestionar normativas de esa índole, es decir, practicar el apoliticismo, conllevaría a una postura de abstención u omisión  ante esas normativas y eso es contrario a lo que hacen de manera cotidiana los gremios de empresarios.  Más aún, cuando se realizan conversatorios con candidatos a la presidencia, a la gobernación, al parlamento o a la alcaldía los gremios se involucran inexorablemente en la política”, puntualizó en asesor gremial.

¿De izquierda o de derecha?

Asegura Marín Rojas que “el involucramiento de los gremios en la política, se hace mucho más extensivo cuando se asumen posiciones frente a los sistemas ideológicos que sirven de fundamento a las organizaciones políticas. Ser de izquierda o de derecha o identificarse con el socialismo o con el neoliberalismo, no es cuestión de pura casualidad. Conocer a un empresario que sea comunista es bastante raro, porque casi todos los empresarios se identifican con el liberalismo, y eso no es casual; tiene su razón para que sea así. Ser apolítico es hacer de la política una abstracción, lo cual es prácticamente imposible, porque si algo tiene realismo constante es precisamente la política”, sentenció.

Lo ideológico

Razona Marín que, “los expertos han acuñado el término Realpolitik, para identificar así a la realidad política en cualquier país o región. La Realpolitik se basa en intereses prácticos y acciones concretas, guardando cada vez mayor distancia de lo teórico o filosófico y huyendo también de las discusiones concentradas en lo ideológico, lo moral y lo religioso. En ese orden, la Realpolitik se aproxima mucho al pragmatismo económico, porque una y otro se basan en la defensa de intereses materiales y no en la defensa de asuntos idealistas. La Realpolitik no quiere saber nada de las fantasías y eso cuadra justamente con los intereses de las empresas”, resaltó.

DESPIECE

La semántica

Remata su análisis refiriendo que, “la Real Academia Española define a quien se dice apolítico, como un ser ajeno a la política y como agregado a esta definición, muchos pensadores sostienen que la política es inherente a la condición humana. En todo caso, si la política no se metiera con las personas, habría razones suficientes para que las personas no se metan en la política. ¿Habrá alguien que no esté involucrado en la situación política que tenemos actualmente en Venezuela? ¿Son los empresarios indiferentes ante esa situación? Las respuestas son concluyentes”.