El fracaso panameño

0
86

Es complicado tratar de buscar resultados favorables de algún hecho cuando las expectativas que se habían tejido ante la actividad eran bastante pobres y limitadas. Lo que se había previsto para la Cumbre de las Américas en Panamá no distó mucho de lo que se vislumbraba, un escenario en el que Cuba y Estados Unidos coparan la escena y donde los demás mandatarios trataran de potenciar sus temas y puntos de vista.

Lamentablemente, la Cumbre tendió hacia el fracaso desde sus inicios cuando la sociedad civil quedó maniatada a unos foros con muy poca publicidad y relevancia. A esto debe sumarse la denuncia formulada por disidentes del gobierno de Cuba, como Rosa María Payá, que alegaron haber sido retenidos e interrogados a su llegada a Panamá, recibiendo luego una escueta disculpa por parte del gobierno local.

El presidente Juan Carlos Varela expresó en diversas ocasiones una visión muy limitada de la democracia, pues a su juicio, el hecho de que existan comicios es una garantía de que el sistema marcha correctamente. Nada dice el jefe de Estado panameño sobre los distintos casos en los que se desconoce diariamente la Constitución y se burla la voluntad electoral expresada en las urnas. Todo ello lleva a rememorar los aciagos días de 1989 en cuanto a la condena del gobierno del presidente Carlos Andrés Pérez al desconocimiento del triunfo de Guillermo Endara y luego a la invasión estadounidense. Lejos de quedarse con un comentario genérico, como el formulado por Varela, Pérez manifestó exigencias concretas para que se respetara la constitucionalidad en Panamá. Como él, algunos otros Presidentes condenaron las maniobras continuistas de Manuel Antonio Noriega.

Otro Presidente que salió con exceso de titulares en las primeras planas de la prensa fue Raúl Castro, quien ejercía para muchos una suerte de magnetismo hacia los demás jefes de Estado que se apresuraban a saludarlo y fotografiarse con él. Si bien el reingreso de la isla a la institucionalidad latinoamericana puede ser el comienzo de la anhelada democratización, se observa con preocupación que los densos nubarrones de represión, censura y carestía que han caracterizado a Cuba desde la llegada de los Castro al poder quedan de lado, como si nada hubiese pasado y sin que existan elementos que permitan asegurar que las cosas están cambiando para mejor.

Logró Panamá ser noticia por algunos días. El encuentro, como ha sido costumbre en las últimas reuniones de este tipo, no alcanza el consenso necesario para declaraciones finales y termina siendo una palestra para que todos los asistentes hablen de lo que mejor les parezca. El anhelo es que dentro de tres años logre la Cumbre en Perú mayores resultados. Sería importante que a diferencia de lo ocurrido en Panamá, el próximo encuentro sea un paso al desarrollo y a la democracia y no el escenario para egos, revanchismos y discursos de muy pobre nivel.

luisdalvarezva@hotmail.com