El papel del periodismo y las redes sociales en la era de Internet

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En el siguiente trabajo se presenta un marco histórico en los últimos veinte cinco años acerca del nuevo panorama info-comunicacional, las redes sociales y cómo esta realidad afecta y transforma la actividad del periodista, la sociedad en general y los medios impresos en la era digital.

En términos generales, se pretende mostrar la atmósfera de constante cambio que se experimenta en la industria de la comunicación on line, y cómo la definición de muchos conceptos y roles dentro de la misma están por desarrollarse representando un reto y una oportunidad simultáneamente. Asimismo, de mucha importancia es el tema de la gobernabilidad en la Internet, el derecho de la información, la transparencia informativa, las noticias falsas (Fake New), los influyentes en la red (influencers) y la libertad de expresión.

Más que concluir, se busca motivar hacia la reflexión y el debate sobre temas en los que, seguramente, los periodistas tendremos que abundar en los próximos años con miras a comprenderlos y a encontrar estrategias y soluciones que nos lleven a adaptarnos mejor, a conocer su naturaleza, encarar retos y a obtener los beneficios que ofrece el periodismo digitalizado moderno y la presencia e influencia de las redes sociales tales como el Facebook, el Twitter, el Instagram, Telegram  y el Tick Tock, entre otros.

Por otro lado, la aplicación de estas herramientas ha diversificado de tal manera el consumo y la administración de la información, que diariamente surgen nuevos formatos y aplicaciones para almacenar contenidos, presentar ideas, financiar proyectos y generar nuevos datos.

Todo lo anterior ha transformando radicalmente industrias que hasta finales del siglo pasado parecían inamovibles como la telefónica, la discográfica, la educativa y, por supuesto, la periodística, entre otras.

Así que las nuevas tecnologías de comunicación son al mismo tiempo una consecuencia y un factor que propicia la sociedad de la información y el conocimiento. En esta forma de organización social, la creación, distribución y manipulación de la información forman parte estructural de las actividades culturales y económicas.

Por un lado, el consumo de información cada vez más demandante generó la necesidad de herramientas más eficaces y veloces como la computadora, la Internet y la World Wide Web (www).

El papel del periodista

Por esta razón, considero que somos los periodistas las figuras clave para construir los nuevos códigos informativos, repensar los géneros y, a través del uso inteligente de las aplicaciones digitales, los responsables de crear las bases para que la sociedad redimensione la importancia de contar con informadores y comunicadores profesionales que actúen como agentes de cambio, crítica, denuncia, experimentación y causantes de reflexión, debate y pensamiento con respecto al acontecer del mundo. Lo que significa que tenemos mucho trabajo por delante y que, sin duda, debemos hacerlo de la mano de la reflexión, la ética y la credibilidad informativa frente a la avalancha de hechos noticiosos algunos ciertos y otros con una gran carga de manipulación mediática, con los llamados “trolls”, cuentas creadas en twitter, por ejemplo, con el único interés de desinformar y desorientar al cibernauta u lector de informaciones web.

Como periodista no nos bastará saber con qué herramientas podemos crear experiencias y transmitir historias veraces y sin sesgo informativo, sino que tenemos que estar conscientes de qué implicaciones podrán tener en la audiencia esas experiencias que producimos.

No podemos atrincherarnos en nuestras redacciones lanzando mensajes a una audiencia que ya no se comporta pasivamente. El mundo tiene grandes necesidades informativas y tenemos que atenderlas estratégicamente. Alguna vez escuché a un colega decir que los periodistas habíamos pasado de administrar la escasez de información a administrar la abundancia. Coincido, y agrego que se trata de una condición que nos confiere de una enorme responsabilidad social y nos orilla a un ejercicio profesional de altos estándares.

El mundo digital informativo a nivel global

La Internet se define como un sistema descentralizado de redes de comunicación que se encuentran interconectadas y que utilizan la familia de protocolos tcp/ip para garantizar que las redes físicas que lo componen funcionen como un red lógica única, de alcance mundial.

Originalmente se trató de un proyecto desarrollado por la academia y el sistema de defensa de los Estados Unidos. El primer sistema fue conocido como Arpanet y nació el 21 de noviembre de 1969.

Según la Dennis: “La arquitectura sistemática de la Internet ha revolucionado el mundo de las comunicaciones y los métodos de comercio al permitir la interconexión de un número indefinido de computadoras en todo el mundo y al que, en algunas ocasiones, se hace referencia como la red de redes” (2014, parra. 2).

Del nacimiento de esta gran red a la primera página web creada en el Centro Europeo de Investigación Nuclear (cern), gracias al genio del matemático inglés, Tim Berners Lee, y al surgimiento de las nuevas tendencias conocidas como Big data, donde los sistemas computacionales administran, correlacionan, analizan y manipulan grandes volúmenes de información (Data sets), con distintos fines como el análisis de negocio, el combate al crimen organizado, la prevención de enfermedades, las proyecciones financieras y los objetivos comerciales, entre otros, hemos transitado a una nueva época a la que Henoch Aguiar llama la era de la digitalización, es decir, “el mayor proceso de acumulación, apropiación y personalización de contenidos.

La poderosa influencia de las redes sociales

 Hoy, la hegemonía del nuevo medio es indiscutible. Después de más de 45 años de su invención, la Internet está a punto de alcanzar los 3 mil millones o mas de usuarios, según la Unión Internacional de Telecomunicaciones de las Naciones Unidas, cifra equivalente a casi el 40% de la población mundial (Internet Live Stats, 2014). Primer aviso de poder que se le estaba confiriendo a la sociedad global o, por el contrario, la forma en la que se estaba minando el control del Estado-Nación (principalmente el de los Estados Unidos) fue el atentado del 11 de septiembre de las torres gemelas de la ciudad de New York. Para Manuel Castells, quien acuñó el término Red de Redes, la estructura social se crea a través de tres tipos de relaciones: Relaciones de producción, muy ligadas a la interacción del hombre con la naturaleza y cómo aquel transforma a esta para la creación de bienes y servicios que satisfagan sus necesidades.

Aunque la utilización de la Internet en dicho atentado haya sido, por llamarlo de alguna manera, secundario, está claro que la posibilidad de comunicarse por esta vía fue un factor determinante en este ataque terrorista planeado simultáneamente en diversos países del mundo. Definitivamente, fue este acontecimiento el que encendió los “focos rojos” con respecto a la utilización que se podía hacer de las nuevas tecnologías de información via web para destruir y planificar atentados terroristas nivel global.

Redes sociales: doble femicidio y un alcalde cuestionado

Otro caso por citar sobre la poderosa influencia de las redes sociales , a nivel internacional y  regional es un hecho ocurrido en el suroeste del estado Bolívar, en Venezuela, recientemente fue el doble crimen de dos mujeres en la población aurífera de El Callao, en la que se involucró al alcalde del municipio El Callao, Alberto Hurtado.

En un simple video de una protesta colectiva de la población y en donde las protagonistas de la manifestación, reclamaron mejores servicios públicos, responsabilizaron al burgomaestre de cualquier daño físico que sufrieran.

A principios del mes de junio fueron localizadas sin vida las dos féminas, asesinadas a balazos. Lo que hizo encender las redes sociales sobre el brutal crimen y la presunta corresponsabilidad del burgomaetre en esos hechos.

De inmediato las autoridades  policiales y el Ministerio Público emprendieron una exhaustiva investigación de los hechos en cuestión.

A nivel nacional se hizo viral el hecho, en todos los portales de noticias, no obstante, otras vulnerabilidades del sistema son puestas en evidencia gracias a esta práctica informática.

La vulnerabilidad y los hackers informáticos

En contraparte, en junio de 2013, los usuarios de la Internet descubrimos aquello que hackers, analistas y expertos en seguridad informática advertían desde que la WWW nació en 1991, hace treinta años:

La Internet también ha funcionado en sentido contrario y es un espacio virtual de vigilancia masiva. Todos los datos personales pueden terminar en manos de agencias de espionaje, ciberpiratas y grandes corporaciones, es el riesgo que se corre en la actualidad.

Las revelaciones del consultor informático estadounidense, Edward Joseph Snowden, a los periódicos The Guardian y The Washington Post probaron la existencia de prism, un programa secreto de espionaje para la recolección masiva de información cibernética, su almacenamiento en enormes bases de datos y sus análisis sistemático mediante potentes software de inteligencia.

Y ni qué decir de XKeyscore, una herramienta diseñada por la National Security Agency (nsa), que permite cruzar todos los datos públicos y privados de una persona con la mera introducción de su nombre completo. Desde sus chats hasta sus llamadas, pasando por su historial de navegación, sus estados de cuenta o su declaración fiscal, el perfil más completo de una persona que jamás haya soñado policía alguna. Es “el Big Brother de Orson Welles” llevado al extremo.

Manuel Castells cita un estudio realizado por British Telecom donde observaron el comportamiento de una serie de hogares en los que se utilizaba la Internet. A pesar de que la conclusión fue que los comportamientos no cambiaban gran cosa. Es decir, que la gente que hacía lo que hacía, lo sigue haciendo con la Internet, y a los que les iba bien, les va mejor, y a los que les iba mal, les va igual de mal; el que tenía amigos, los tiene también en la Internet, y quien no los tenía, tampoco los tiene con la Internet.

El investigador señala que “la Internet es un instrumento que desarrolla pero no cambia los comportamientos, sino que los comportamientos se apropian de la Internet y, por tanto, se amplifican y se potencian a partir de lo que son” (Castells,Manuel  2001, p. 10 y 11 Universidad Sur de California).

Hoy, las tecnologías de comunicación parecen rebasar la concepción original. Más que un sistema de comunicación e información, la Internet y la web conforman el espacio vital de lo que Howard Garder (2008), el autor de la teoría de las inteligencias múltiples, ha llamado los “ciberciudadanos”. Así como las comunidades físicas han establecido históricamente patrones sociales y de comportamiento, hoy la construcción de un gran mundo virtual define y establece relaciones con otro tipo de lógica que no por eso deja de proyectar los anhelos individuales que dan sentido a la existencia “saltando por encima de los límites físicos de lo cotidiano, tanto en el lugar de residencia como en el lugar de trabajo” (Castells, Manuel 2001, p. 11), y estableciendo una red de afinidades.

Hay que considerar que la sociedad de la Información es la piedra angular de las sociedades del conocimiento, como lo señaló Abdul Waheed Khan -subdirector general de la unesco para la Comunicación y la Información- “El concepto de sociedad de la información, a mi parecer, está relacionado con la idea de la ‘innovación tecnológica’, mientras que el concepto de ‘sociedades del conocimiento’ incluye una dimensión de transformación social, cultural, económica, política e institucional, así como una perspectiva más pluralista y desarrolladora” (2003).

Los nuevos paradigmas de la comunicación

El filosofo de la comunicación Manuel Castell en su libro “Redes de Indignación y Esperanza” sostiene que: nuevo paisaje de la comunicación y la información es la sociedad contemporánea potenciada a través de la tecnología, y las nuevas dinámicas son el reflejo del pulso de una nueva economía gobernada en la que los monopolios de información tienden a desaparecer poco a poco. En esta realidad, los comunicadores y periodistas juegan un papel fundamental no exclusivamente para forjar los lenguajes y los formatos que habrán de establecerse, sino como vigilantes de una serie de principios que deben permanecer y de un rigor que en la investigación no debe dejarse nunca. Enfrentar la era que estamos viviendo no significa incorporar las nuevas tecnologías a las antiguas actividades, sino establecer, regular, potenciar y fomentar prácticas productivas, éticas, legales y de generación de conocimiento y tecnología en una realidad que así lo demanda”.

Ahora bien, ¿es posible que se esté sobredimensionando el papel de la Internet en los movimientos sociales? ¿Qué ocurre con las formas y espacios “tradicionales” de movilización social? A este respecto, Castells mantiene que las “redes de comunicación son un elemento indispensable en la práctica y la organización de estos movimientos”, pero también reconoce que “son un elemento necesario aunque no suficiente de la acción colectiva” (2012, 219), y que, además de la Internet, los movimientos también viven y actúan gracias a la comunicación cara a cara, a las redes sociales offline preexistentes y a la ocupación del espacio urbano. Justamente, el trabajo de Wilson y Dunn (2011) contribuye a matizar —al menos en términos cuantitativos— el protagonismo de la comunicación inalámbrica en el levantamiento egipcio.

Según los resultados preliminares de la encuesta aplicada a los manifestantes de la plaza Tahrir, la interacción cara a cara fue la forma más importante de comunicación para los activistas (93%), seguida de medios tradicionales como el teléfono, la televisión vía satélite y los medios impresos. El medio digital más mencionado fueron los SMS (46%), seguidos de Facebook (42%), los correos electrónicos (27%), el Twitter (13%) y los blogs (12%) (Wilson y Dunn 2011, 1252). No obstante, estos datos de ninguna manera restan importancia al papel de las tecnologías en la difusión en tiempo real de las imágenes de lo que estaba ocurriendo durante las revueltas en los diferentes países árabes, que resultaron determinantes para el efecto de contagio viral entre países, pero también para denunciar la dura represión de las protestas, para generar una opinión pública y, en algunos casos, para lograr los objetivos inmediatos.

En este sentido, es claro que los movimientos sociales en la era de la Internet conservan al espacio público como el lugar para la expresión política y el diálogo polifónico de las visiones del mundo. A este respecto, Castells sostiene: “[…] la revolución de Internet no invalida el carácter territorial de las revoluciones a lo largo de la historia. Más bien lo extiende del espacio de los lugares al espacio de los flujos […]” (2012, 72).

Castells va mucho más allá sobre esta cuestión al señalar que, aunque los movimientos sociales comenzaron en las redes de la Internet, se convirtieron en movimiento al ocupar el espacio urbano, bien fuera de manera permanente o por manifestaciones continuadas. El espacio de los movimientos se construye a través de las interacciones entre el espacio de los flujos y el espacio de los lugares ocupados, generando, según Castells, un híbrido, un tercer espacio, al que denomina espacio de la autonomía. La explicación es que la autonomía, como se mencionó antes, solo puede darse mediante la capacidad de organización de las redes de comunicación, de la misma manera que solo se convierte en fuerza transformadora desafiando el orden institucional y recuperando el espacio público para los ciudadanos.

Este escenario ha dejado a centenares de profesionales de la comunicación y el periodismo en el desempleo, pues como afirmó Claudia Palacios, directora de El Tiempo Televisión: “los periodistas tenemos el desafío de reinventarnos desde que aparecieron las redes sociales y plataformas digitales que cambiaron radicalmente las formas de consumo, y parecieran exigir el milagro de la inmediatez, la objetividad, la calidad técnica, la profundidad investigativa y la brevedad juntas, y además gratis”.

Las nuevas exigencias de las redes sociales han cambiado las facultades de Comunicación Social y Periodismo.

El horizonte laboral de los futuros profesionales también cambió. Los futuros comunicadores deben:

-Ser capaces de afrontar las nuevas formas de transmitir la información

-Adaptarse a las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC)

-Reinventar géneros periodísticos y formatos discursivos

-Descubrir formas de narrar contenidos para estar a la vanguardia de lo que exige la audiencia.

En definitiva, deben estar capacitados para afrontar las necesidades de consumo de un público inmerso en las redes sociales y las plataformas digitales.

Las nuevas exigencias de las redes sociales también han cambiado las facultades de Comunicación Social y Periodismo. Hasta el momento, la academia había estado divorciada de la realidad; hoy, es necesario que se acople a las nuevas tecnologías y a los cambios que ellas introdujeron. Armando Gruber  con información de la Revista de Tecnología y Sociedad 

Bibliografía consultada:

Castells, Manuel. 1986. La ciudad y las masas: sociología de los movimientos sociales urbanos. Madrid: Alianza.         [ Links ]

Castells, Manuel. 1997-1998. La era de la información: economía, sociedad y cultura. 1ed. Madrid: Alianza.         [ Links ]

Castells, Manuel. 2001. La galaxia Internet: reflexiones sobre Internet, empresa y sociedad. Barcelona: Plaza & Janés.         [ Links ]

Castells, Manuel. 2009. Comunicación y poder. Madrid: Alianza.         [ Links ]

Castells, Manuel. 2012. Redes de indignación y esperanza: los movimientos sociales en la era de Internet. Madrid: Alianza.         [ Links ]

Wilson, Christopher y Alexandra Dunn. 2011. Digital Media in the Egyptian Revolution: Descriptive Analysis from the Tahrir Data Sets. International Journal of Communication 5:1248-1272.