El periodismo incansable

0
130

Todas las profesiones exigen pasión, amor y compromiso, pero con el pasar de los años algunas han bajado el nivel de exigencia y esto responde a diferentes motivos. Hay quienes estudian Medicina, por ejemplo, por vocación, pero también porque piensan en los buenos dividendos que pudiesen llegar a obtener con sus especializaciones; otros se inclinan por alguna rama de la Ingeniería pensando en el «buen puesto» que pueden conseguir en las grandes empresas venezolanas o extranjeras, y otros deciden estudiar Administración o Contaduría con el objetivo de emprender su propio negocio. En fin: todo es cuestión de una decisión acertada.

El periodista no piensa en nada de lo antes mencionado. El comunicador social piensa en su trabajo, en su labor como informante, como creador de noticias, en los anhelados «tubazos», en ofrecer la versión más completa de lo sucedido, en mantener su credibilidad, su ética y su objetividad. Su pasión está por encima de cualquier suma, de cualquier propuesta. Por más fracasos que pueda tener, el periodista nunca se cansa de serlo, nunca abandona su oficio. Después, piensa en lo demás.

Actualmente, la profesión se ha visto amenazada por razones que han llevado a muchos profesionales de la comunicación a desistir de la idea de seguir ejerciendo: presiones políticas, cierre de medios, bajos salarios, escasos beneficios sociales, limitadas opciones de trabajo, censura por parte de los dueños, entre otros, por lo que un grupo importante de especialistas en la comunicación ha tomado otros caminos: estudiar otra carrera para ejercerla paralelamente, incursionar en el mundo del periodismo digital con propuestas innovadoras, e incluso, irse del país en busca de mejores opciones e ingresos, pero siempre teniendo en cuenta sus principios.

Al menos en Venezuela, mantener la ética periodística y saber combinarla con la responsabilidad jurídica, social y política no resulta tan fácil ante las amenazas que surgen a diario. Es tal el poder que tiene la palabra, y más la emitida por un profesional con su credibilidad en desarrollo, que la persona se convierte en objeto de miradas en búsqueda de la verdad entre tanta confusión. Es posible que un comunicador llegue a vender empanadas en una avenida o que se dedique a ofertar apartamentos en una inmobiliaria, pero jamás dejará a un lado su oficio, porque lo aman y siempre buscarán la manera de aprovechar las bondades de la comunicación en cualquier contexto.

PREVALECE LA EXIGENCIA

Los periodistas no tienen en común un código de ética, cada país maneja el suyo, el de los venezolanos fue aprobado en la I Convención Nacional del Colegio Nacional de Periodistas, en 1973. No obstante, en gran parte coinciden en principios como la veracidad, objetividad, defensa de la libertad de información y de acceso a las fuentes informativas, imparcialidad, responsabilidad, integridad, entre otros, que han sido cuestionados por muchos.

Es muy fácil pedirle objetividad e imparcialidad a un periodista cuando no se sabe por lo que este tiene que pasar para obtener la información: las fuentes oficiales nunca están disponibles cuando se les busca, pero hay que escucharlas cuando quieren declarar; los entrevistados casi nunca llegan a la hora, por lo que hay esperarlos durante largos y tediosos intervalos de tiempo; los empresarios, antes de responder, dan cientos y miles de vueltas hablando de su éxito, y al final, como para terminar, contestan solo la primera pregunta; los gobernantes pulsan el botón y no paran de hablar, no dan espacio para preguntas y siempre evaden los datos importantes; y otros simplemente tienen la oportunidad de expresar su sentir y no lo hacen por miedo a represalias o por pena a aparecer en un medio de comunicación. Pero esto no es excusa, la función del periodista es informar y no importa lo que tenga que hacer para lograrlo, porque eso lo apasiona.

Por otro lado, saber diferenciar entre un profesional cuya información es contrastada e investigada, y uno que transcribe lo que el entrevistado le «declara», que se conforma con lo que vio al momento de llegar al lugar de la noticia o con lo que el compañero le comentó, sin hablar de los que prefieren el «copia y pega» y se olvidan de lo complejo que es el papel de una publicación con base, que promueva el criterio y la crítica en el lector. Este es un tema complicado de ajustar a la sociedad actual, sobre todo porque parece que al ciudadano se le ha educado para conseguir con inmediatez la información, sin detallarla ni evaluar su trascendencia.

Quizá sea un problema cultural el no interesarse por el acontecer nacional que repercute en el local, y más allá de eso, ignorar algunas realidades, pero es necesario dejar en claro que la culpa no es del comunicador, de titulares atractivos o de sumarios que rompan esquemas, si esto sucede en un país es porque se ha descuidado el papel de cada ciudadano, quienes son mucho más exigentes con el informante que con su papel para construir un país de desarrollo por la vía de una educación de buenos ejemplos y valores. Por eso hoy, 27 de junio, Día del Periodista, es propicia la ocasión para recordar que aunque el periodismo cotidiano no convenza a muchos, es vital para construir una sociedad y ubicarla dentro de una realidad que seguro le corresponde.

LA META

La dura batalla entre la ética y la verdad seguirá por años, pase lo que pase. El comunicador, desde que piensa serlo, debe tenerlo presente, reforzarlo mientras se prepara y nunca olvidarlo cuando ejerce. Ser periodista es una de las profesiones más hermosas que existen, porque quien se dedica a este oficio nunca se cansa, nunca se rinde. Aquí o allá, el profesional de la comunicación es un ser apasionado, creativo, innovador y dispuesto a lo que sea por llevar la noticia a sus receptores.

UN FESTEJO ETERNO

Sin ánimos de convertir la información en una mercancía, el periodista seguirá intacto en sus funciones. Al menos en eso coinciden quienes se entregan al periodismo día a día: desde sus casas, oficinas, computadoras o desde sus memorias. El compromiso por seguir enfrentando la verdad y las presiones económicas continuará más fuerte que nunca para no poner en juego la profesión. Los comunicadores sociales que por vocación hayan decidido este camino, celebrarán con alegría este y todos los días; más que con una parranda cargada de pasa palos y bebidas ardientes, festejarán con la seguridad de que su fidelidad por el periodismo será inmutable.