El príncipe Felipe fallece a los 99 años de edad

0
1833

El marido de Isabel II, Felipe de Edimburgo, ha fallecido este viernes a los 99 años en el palacio de Windsor, según ha anunciado la familia real británica. “Es con gran pesar que su majestad la reina anuncia la muerte de su amado marido, su alteza real el príncipe Felipe, duque de Edimburgo”, señaló el Palacio de Buckingham en un comunicado.

Felipe de Edimburgo abandonó el hospital el pasado 16 de marzo tras ser intervenido con éxito de una dolencia cardiaca preexistente. “Su Alteza Real murió pacíficamente esta mañana en el castillo de Windsor. Se harán nuevos anuncios a su debido momento”, agregó la nota. El primer ministro británico, Boris Johnson, ha leído un comunicado oficial de pésame a las puertas de Downing Street: “Ayudó a dirigir la Familia Real y la Monarquía para que permanecieran como una institución indisputablemente vital para el equilibrio y la felicidad de nuestra vida nacional”, ha dicho Johnson.

Ninguno de los intentos por escribir una biografía de Felipe de Edimburgo que desentrañara su personalidad triunfó en el empeño.

El marido de Isabel II y Príncipe Consorte del Reino Unido se mantuvo hasta el último momento como un enigma y un comodín que sirvió a partidarios y detractores de la Monarquía para representar a una institución eterna o deplorar la altanería y arrogancia de una casta alejada de la realidad. “Damas y caballeros, se presenta ante ustedes la persona con más experiencia en el mundo en descubrir placas conmemorativas”, solía decir en sus últimos actos públicos, antes de retirarse finalmente de la escena oficial en 2017. El sentido del humor, tan cáustico como autocrítico, fue uno de sus pocos refugios.

Coleccionaba viñetas de los humoristas gráficos británicos más célebres, como Matt. Llegó a tener casi doscientos dibujos originales que repartió por los cuartos de baño de todos los palacios y castillos de la Casa de los Windsor. Fue el modo de asegurarse, en la intimidad, de que la última sonrisa fuera la suya. El alférez de navío de la Marina Real buscó en el mar su último cobijo. O en el aire, donde llegó a sumar 5.986 horas de vuelo en 59 tipos diferentes de aeronaves.

Su último trayecto fue de Carlisle a Islay, en agosto de 1997, con 76 años. O en la fe, que comenzó como una costumbre incorporada con naturalidad a su educación y condición social, y se convirtió durante los últimos años en un empeño introspectivo. Ayudó a Robin Woods, decano de Windsor y capellán doméstico de la Reina, a poner en marcha St. George´s House, un centro de retiro, conferencias y estudios donde los sacerdotes anglicanos se reunían para debatir asuntos eclesiásticos.

Felipe de Edimburgo fue el aristócrata apátrida que renunció a su historia y su apellido para consolidar la Casa de los Windsor. El príncipe irreverente y bocazas que irritó con sus salidas de tono a la izquierda política y mediática británica. El modelo de una elegancia masculina de tejidos exquisitos y corte clásico que lleva el sello de las sastrerías de Savile Row, en Londres. Traje de mil rayas en el que cada línea la componen minúsculas “Ps”, de Philip, en color azul o rojo. Nunca blanco, como los ingleses de élite educados en Eton u Oxford. El príncipe Felipe nunca perteneció a esa estirpe. Y, sin embargo, representó la quintaesencia de una clase consciente de que una vez estuvo al frente de un gran imperio.

El duque de Edimburgo fue el pararrayos, el escudo y el reverso negativo de Isabel II. El ancla de una familia y de una institución que nunca albergó la menor duda, a diferencia de sus hijos y de sus nietos, de que la magia que aseguraba su estabilidad se construía con distancia y liturgia. El País/ Globovision