¿En qué momento ya no quieres ser como Dios te creó?

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Dice la Biblia que Dios formó al hombre del polvo de la tierra. Sopló aliento de vida en su nariz, y el hombre se convirtió en un ser viviente. Luego, Dios dijo: «No es bueno que el hombre esté solo. Haré una ayuda ideal para él». Lo hizo caer en un profundo sueño e hizo a la mujer con una de sus costillas y al despertar se la presentó. El Señor le dio instrucciones a ambos que podían comer de todo árbol, pero les prohibió comer de uno, ni siquiera lo podían tocar, porque si no iban a morir espiritualmente.

La Biblia relata que se dejaron engañar de la serpiente y a pesar de que había una variedad infinita de frutos que ellos podían disfrutar; hicieron caso omiso, y comieron el fruto del árbol que Dios le había prohibido terminantemente tocar y comer.

En este episodio se registra la primera desobediencia y rebeldía del hombre y la mujer. Es evidente que desde el principio de los tiempos, el hombre ha querido hacer las cosas a su manera, sin importar las consecuencias.

Hoy día, lo vemos en la familia, hijos que no escuchan el consejo de sus padres porque creen sabérselas todas, padres cansados de corregir, al final le dicen «Haz lo que quieras», dándose por vencidos en las etapas más importantes de sus vidas.

Cuando se dan cuenta, el postmodernismo los absorbe y comienzan a dedicarse totalmente a sus incontables intereses, problemas y necesidades propias, dejando a los niños (as) y adolescentes sin supervisión alguna, siendo enseñados por la vanidad de este mundo o por otros que también se encuentran en la misma condición. Van creciendo con necesidades emocionales no suplidas, múltiples carencias, sin dirección, inseguros de sí mismos, sin identidad, confundidos, y al final del camino, entre tanto caos en la calle, en la TV, aún en sus hogares, comienzan a sumergirse en los vicios, la promiscuidad o lo que ya es moda, la señorita dice: «Ay no sé qué me pasa pero creo que me gustan las mujeres ¡estoy confundida! De la misma manera el jovencito. A la final afirman «es que nací homosexual».

La pregunta es ¿en qué momento esto pasó? ¿En qué momento ya no te gusta tu aspecto, sino que quieres ser otra persona? ¿En qué momento ya no quieres ser como Dios te creó?

Indudablemente todo comienza cuando desde un principio, a pesar que creemos en Dios, no nos importa nada de lo que Él dice, cuando nos tapamos los oídos para no escuchar a quien contradiga nuestra rebeldía, cuando nos alejamos del modelo que Dios diseño para la familia, cuando deshonramos e irrespetamos a Dios en todos los sentidos, y aun así pretendemos que bendiga una relación amorosa que se sale de todos sus parámetros, a través de una autoridad pastoral. ¡Seamos sensatos!

Si realmente crees en Dios y dices amarlo, guarda todos sus mandamientos, sin desechar los que no te convengan. Cuando se ama, se ama por completo; por lo tanto, si dices creer y amar a Dios, ámalo como Él es y no como tú quieres que Él sea. Él siempre ha existido y es perfecto, tú fuiste creado (a). No te creas más sabio que Él, pensando saber lo que es mejor para ti. Él es la sabiduría. No creas poder borrar o cambiar los decretos que Dios estableció en su palabra porque no te gusten o no te convengan. Su palabra permanece para siempre. ¡Reaccionemos!

A nuestros países les conviene vivir bajo el diseño de su Creador, no peleemos contra Dios para imponer nuestra voluntad. Somos libres para hacer lo que queramos, Dios mismo nos dio ese libre albedrío, pero no todo nos conviene.

Hay leyes que van en contra de los principios de Dios. Por lo tanto, no nos convienen. Si quieres realmente hacer algo bueno por tu pueblo no legalices algo que Dios ha prohibido. No volvamos a cometer el mismo error de Adán y Eva. Hay un solo camino para la verdadera vida y ese camino solo nos los puede mostrar Jesús.

«Yo soy el Señor tu Dios, que te enseña lo que te conviene y te guía por las sendas que debes seguir». Is. 48:17.

Con amor y respeto.