Entre nostalgias perdidas le prestan un Paraíso

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1928

Cuan largo sería el camino por recorrer! cuántos serían los sueños no vividos, imaginados más no alcanzados; de una infancia que luego de ser arrancada por el viento de Lineburg- Alemania, está predestinada a ser inmigrante en la otrora ciudad Bolívar- Venezuela. Es la misma que en su largo recorrido hasta la colonia “La Esperanza”, nunca encontrada en la selva de Guayana, conforma en su mochila intelectual que ya traía, una de sus primeras interpretaciones venezolanas, es la misma que hace preguntas sobre su padre Hans sin encontrar respuestas, la que soporta el ruido que originan las voces en idiomas no entendibles para ella, la que con ojos abismados mira como la importación es atraída por la mayoría de los nativos, quienes desgastan el valor socio-cultural tras la adquisición de cosas llegadas de Europa. Es quien a manera de contar su propia historia, visualizaba un mundo mágico al que atribuía poderes maravillosos, como la inmensidad del Orinoco. Son las vivencias que poco a poco van llenando su pequeño diario de notas que la sumergen en el mundo de los recuerdos, a los que denomina “tesoros” y le permiten arribar  al puerto preparado para su destino, de sueños, de espera, de constancia interminable y como todo inmigrante que viaja a Venezuela, imagina un Dorado repleto de oro, de diamantes, que se transforman en polvo y fantasías y luego quedan atrás; ella tras convertirse en una auténtica guayanesa, es capaz de dejarse cautivar por su asombro, hasta el punto de sentir el deseo de no hablar su propio idioma.

Para despejar la incógnita ya expresada de manera literaria, se devela el perfil de la Lcda. Doris Poreda, Docente universitaria en Literaturas clásicas, Castellano, Latín y alemán, narradora venezolana, quien desembolsa toda su perspectiva femenina para hacer una dura crítica a esa cultura machista enraizada en la mayor parte de la sociedad y presentar en una escritura depurada todas esas vivencias expresadas en un lenguaje poético con el que narra desde el género epistolar, los episodios ocurridos en ese camino de nostalgias e incertidumbres, hasta llegar a “El paraíso prestado” Worter, novela clásica en la que la autora deja resonar su canto bilingüe para mostrar la transparencia del lenguaje semiológico y en la que hace notable su discurso transgenérico. A través de ésta, es acreditada con el premio “Estefanía Mosca” (2013), como periodista obtiene en 1988 el premio “Juan José Acuña” y de narrativa (Apudons 1998), investigadora de temas mitológicos, clásicos y grecolatinos.

En su Paraíso prestado, la autora refleja su extraordinaria  valentía, semejante a  la “Onda y caudal del turbulento Orinoco” asumiendo su rol de escritora íntegra, interioriza en sí misma y se pregunta ¿Quién soy? Y en un enaltecedor lirismo poético encuentra respuesta tanto para ella como para los lectores que le siguen: “No lo sé, pero voy hacia allá. Lentamente. Con las piedras al hombro, como el albañil de un templo inconcluso, oficiante que conserva solo trozos de cantos olvidados. Acordes y fragmentos llegan con el viento. Palabras huecas o llenas de significado insensatos de recordar algunas. Palabras como espejos doblados sobre sus bordes, antes de abrirse a la luz, rodeadas de silenciosa manifestación”. Realmente la musicalidad narrativa de su obra, la eleva para derramar el accesible elíxir aromático, cuyo olor es embriagante para el lector de buen gusto.

“Con entusiasmo, ingenio y paciencia se alcanza el logro de lo extraordinario”. Irene Flores/ CNP. 20.351