¿Es Diosdado Cabello el hombre fuerte del régimen?(I)

0
141

Realmente, creo que no. El poder tiene expresiones mucho más sutiles que levantar la voz u ofender en un debate parlamentario a los opositores de un gobierno. Además, se requiere, en el tiempo, imponer la autoridad, lo que llamaba Max Weber la autoritat, sin necesidad de utilizar la fuerza, sustentándola en el carisma, la moral, la convicción o la legalidad. En verdad, Cabello no reúne esas mínimas condiciones de liderazgo para poder transformarse en el hombre fuerte del régimen, aunque, hay que reconocerlo, logró controlar el PSUV con inteligencia y audacia. Tampoco puede aceptarse la tesis de que su fuerza surge como consecuencia de su pasado militar. Son muchos años en retiro para imaginarse que mantiene un importante ascendiente en la mayoría de los cuadros activos. Menos aún, pensar que la presencia en los altos mandos de su promoción es determinante. ¿Qué es lo que realmente ocurre entre Maduro y Cabello?

Responder esa pregunta requiere de una detenida reflexión. La manifiesta debilidad mostrada por Nicolás Maduro, al ser escogido por Hugo Chávez como el posible candidato presidencial, creó de inmediato una matriz de opinión que sostenía que difícilmente podría sostenerse en el poder. Era difícil aceptar que los más connotados representantes de la logia militar del 4 de febrero iban a reconocer su liderazgo. No tenía ningún mérito en la conspiración. Escribí varios artículos sosteniendo la tesis de que la autoridad de Maduro podía ser desconocida por sectores militares. Realmente, no ocurrió. Al contrario, dio manifestaciones de una importante fuerza política. Destituyó de sus funciones, nada más ni nada menos, que a Rafael Ramírez, el destructor de Pdvsa, a Jorge Giordani, el ideólogo que nos condujo a la actual crisis económica y a Miguel Rodríguez Torres, una de las figuras fundamentales del alzamiento militar. Todos ellos muy cercanos al afecto de Hugo Chávez.

La destitución que más me llamó la atención fue la de Miguel Rodríguez Torres. Lo hizo en dos tiempos: lo retiró de la Fuerza Armada, por cumplir treinta años de servicio, aunque dejó activo al general Vladimir Padrino López, su compañero de promoción y lo designó ministro de la Defensa. El ataque a un colectivo era la consecuencia natural de los planes de seguridad. Aprovechó ese enfrentamiento para destituirlo del cargo. Los rumores surgieron de inmediato: «Esa destitución es un claro ataque a Diosdado Cabello». En verdad, no hubo gesto alguno que confirmara esta realidad. Al contrario, empezaron a demostrar, tanto Maduro como Cabello, una gran simpatía personal en todos los actos públicos. Mi conclusión, ya desde hace algunos meses, es que la camarilla militar y todos los grupos pertenecientes al PSUV reconocieron el liderazgo de Maduro ante la certeza de que era la única forma de preservar el poder en medio de la actual crisis política, económica y social.

Los ataques contra Diosdado Cabello se incrementaron desde hace algunos meses. En verdad, han existido casi desde que se inició el régimen chavista. El problema se agravó ante los ataques internacionales, principalmente de los medios de comunicación norteamericanos y españoles. De inmediato, Maduro lo defendió con gran firmeza. Al pasar los días, se dieron cuenta de que esa defensa no era suficiente.
fochoaantich@gmail.com
@FOchoaAntich