ESPAÑA: HACER PEQUEÑO LO GRANDE

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“Estoy radicalmente en contra de alguien que quiere hacer una patria pequeñita, teniendo una tan grande. Los mayores males que ha sufrido Europa han sido por culpa de los nacionalismos. Esto no es como lo están vendiendo, y se lee en la prensa extranjera que es Cataluña contra España. Es Cataluña contra Cataluña. El siglo XXI es el siglo de borrar fronteras, y no de construirlas”. Fueron las expresiones del cantante Español Joaquín Sabina, quien a sus 68 años y con una carrera artística muy exitosa, se permite decir verdades que pocos expresan y muchos callan.

Es la ambición de unos pocos, que lanza los “papelillos del falso nacionalismo” para que los sentimientos afloren y borren esas dosis de racionalidad y pragmatismo en sus ciudadanos, y no vean la ineficiencia de sus respectivas gestiones.

Veo mucho ruido, y poca altura humana. Veo las masas un poco ciegas. Veo poco sosiego y mucho insulto. Veo a personas jugando frívolamente con las esperanzas de las masas. Pero también veo a un Gobierno indeciso, titubeante, con miedo al costo político ¡Esto no debería pasar! Después del pasado que tuvo España.

Esa ambición de unos pocos no reconoce límites, y mucho menos las consecuencias, y continúan corroyendo las bases de un edificio llamado España, mientras el gobierno español lleva tiempo permitiéndolo. Si el Gobierno y sus Cortes hubieran cumplido con su obligación hace dos años, cuando el parlamento de Cataluña aprobó un plan separatista e ilegal, y hubiese aplicado en ese momento el artículo 155 de la Constitución, no estarían en esta tragicomedia actual.

Hoy, la mayoría de los españoles está esperando que la legalidad vuelva a proteger a los ciudadanos, a las empresas catalanas, y a las empresas españolas. Por eso, el Estado está obligado a reestablecer cuanto antes el orden legal en Cataluña, porque cuanto más se demore, mayor será el costo para Cataluña y también para España.

El Estado Democrático Español fue una conquista que ha costado mucho sufrimiento y mucha sangre, y está protegida por una Constitución, un ordenamiento jurídico, y unos poderes públicos. No son los diputados, ni los ministros, ni los líderes políticos, ni un colectivo, quienes deciden lo que se debe o no se debe hacer, son todos los ciudadanos que habitan en un edificio llamado España.

Como habitantes de ese edificio, hay derechos pero también obligaciones. Se puede hacer política, se pueden hacer cambios, incluyendo la ley; pero eso sí: ¡Siempre dentro de la ley! Caer en la tentación de pactar que la ley no se aplique para evitar supuestos malos mayores, y cediendo al chantaje, únicamente estaría permitiendo que el cáncer se siga extendiendo, y llegará el momento en que ya habrá hecho metástasis, y la única alternativa que quedará será morir con el menor dolor posible, pero sin esperanzas de vivir.

En ambos casos ya hay un precio a pagar, ya no va a salir gratis, pero al menos se debe limitar el coste. Enviando el mensaje de que algunos pueden beneficiar sus deseos personales, saltándose la ley, y un Estado permitiéndoselo y no haciendo cumplirla; lo único que están haciendo es que ese edificio “llamado España” termine cayéndose irremediablemente, y en ese momento dejarán de ser ciudadanos y una sociedad, para convertirse en sanguinarios y en tribus.

Si eso sucediera los culpables no sólo serán los que irresponsablemente activaron la bomba, sino también los que no quisieron desactivarla.

 

 

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