“Esta vez nos recibió una Venezuela distinta”

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Hace 13 años llegaron a Venezuela un grupo de voluntarias, integrantes las Misioneras del Santísimo Salvador y Casta Brígida, nacido en Ozumba, México. Aceptando la invitación que en su momento les hizo monseñor Ubaldo Santana, las religiosas dejaron su país para venir a servirles a los venezolanos, pero su estadía no ha sido del todo satisfactoria.

María Lorena Ramírez Vilchis compartió su testimonio, pues pese a que tuvo regresarse hace algunos años a Michoacán, de donde es oriunda, porque no pudo obtener los permisos para quedarse, está de regreso y quiere quedarse. «No quisiera dejar a mi gente sola, hemos compartido muchas cosas. Venezuela me recibió hace unos años, me dio casa, no puedo decirle: ¡chao, ahí nos vemos! Yo quisiera seguir intentándolo».

Cuatro comunidades religiosas aztecas se han devuelto a su tierra natal porque no han podido legalizarse y sus visas no han sido renovadas, hecho que les impide permanecer en el país. El trámite debe dirigirlo el obispo, de lo contrario, no procesarán sus datos y deberán regresarse en junio. De quedarse, ilegalmente, podrían tener problemas con las autoridades cuando deseen salir.

En la iglesia Virgen Del Valle, situada en Puerto Ordaz, están sus aposentos. Desde este templo se organizan distintas actividades que son ejecutadas por las monjas, mexicanas y venezolanas, que integran la fundación, y a las que párrocos, vicarios, catequistas, jóvenes de la pastoral y voluntarios de la comunidad acompañan en todo momento.

«Esta vez nos recibió una Venezuela distinta y siento que ahora hay mucho más por hacer. La misma gente que nos rodea nos pregunta qué hacemos aquí y nos dice que nos vayamos, que no nos quedemos, pero no podemos hacerle eso a nuestros hermanos. Queremos quedarnos y ayudar».

«NO ES FÁCIL ENTRAR Y QUEDARSE»

Las misioneras desempeñan varias funciones en la parroquia, pero su área de trabajo la conforman las comunidades cercanas al templo y los barrios de Castillito, en Puerto Ordaz. Ayudan a niños, adultos y ancianos, les dan apoyo moral y los atienden.

«El seguimiento que le hacemos a los barrios es constante porque hay muchas situaciones, muchos problemas. Visitamos también a los enfermos, les llevamos comida y medicinas, cuando hay, aunque ya no tanto porque no nos llegan. Hay mucha necesidad en esa zona».

La madre María Lorena no se explica cómo las autoridades no han podido agilizar los procesos legales para otorgarles los permisos y certificar sus documentos si la misión que han venido a cumplir es del conocimiento de toda la comunidad. «Es muy lamentable que no tengamos el apoyo del Gobierno en esta parte porque venimos a ayudar, no a adueñarnos de nada. Me gustaría que pudieran apoyarnos».
Asegura que en las zonas más pobres de la ciudad, a las que han podido llegar, «la gente responde, nos atiende y nos espera, hasta nos cuida porque no es fácil entrar y quedarse».

Los problemas más comunes, según Ramírez, son desintegración familiar y violencia doméstica. Manifiesta que ha visto una «comunidad viva», que quiere surgir, pero la indiferencia con Dios es notable y no se los permite. «Tenemos muchas misiones que cumplir en Venezuela, por eso no podemos irnos».

«NO ME RINDO»

Para esta mexicana dejar su país no ha sido fácil, como tampoco lo ha sido para sus coterráneas ni para ninguno que ha estado en la misma situación. Sin embargo, está convencida de que quiere quedarse. «Es un país bello, alegre, dinámico, con gente acogedora y noble. Venezuela tiene muchas cosas hermosas, tiene grandes cualidades. Me ha costado mucho adaptarme al clima, porque vengo de un clima frío, pero no me rindo».

Finalmente, espera que pronto pueda obtener «respuestas favorables» que le permitan seguir con su misión en Puerto Ordaz e invitar a quienes deseen sumarse. «Estos procesos que estamos viviendo no pueden apagar al país, más bien, nos deben ayudar a madurar. En México no estamos acostumbrados a hacer colas para comprar comida ni a pelear porque no se cumplen las normas, pero he conservado la calma. Creo que todos debemos adaptarnos. Ojalá todo mejore, es lo que le pido a Dios».

DE MÉXICO A VENEZUELA

«Como México, no hay dos», responde la madre María Lorena sin dejarle espacio a la duda. Asimismo, expresa que una de las cosas que rescataría de México sería la unión de las familias y de los matrimonios porque es lo que más ha notado «deteriorado». «En mi país las familias son estables, aunque tengan problemas. Los hijos respetan a sus padres y viceversa, eso aquí no lo he visto». Aconseja que no se debe llegar a los extremos en ningún aspecto de la vida «porque no es bueno» y apuesta al amor entre hermanos «por sobre todas las cosas».