Europa al rescate de Grecia

0
152

La nueva propuesta del gobierno griego a sus acreedores, examinada este viernes por el parlamento heleno, ha devuelto la esperanza de un acuerdo in extremis que permita a Grecia permanecer en la zona euro.

Atenas y reconocidos economistas le recuerdan a Alemania, opuesta a una quita de la deuda griega, que se benefició de una medida similar para facilitar su reconstrucción después de la Segunda Guerra Mundial.

La deuda griega, que ha sido reestructurada en tres ocasiones desde 2012, se eleva a unos 312 000 millones de euros, el 177 % del Producto Interno Bruto (PIB), de los que más de tres cuartos están en manos de los Estados o de las instituciones públicas.

Cinco meses y medio después de la llegada al poder en Grecia del partido izquierdista Syriza, Europa y Atenas –tras un corralito, presiones de Washington y Beijing y el primer impago de un país desarrollado al FMI–, están a punto de sellar un acuerdo para mantener la economía helena a flote y al país en la Eurozona. Se evita así, en el alargue pero dejando heridas políticas, el primer paso atrás desde el inicio del proceso de integración europea tras la Segunda Guerra Mundial.

Europa recibió con elogios el plan de ajuste heleno a cambio del tercer rescate. El Banco Central Europeo, el FMI y la Comisión Europea le dieron el visto bueno y aumentaron el montante de los 53 500 millones que había pedido Atenas para tres años hasta 74 000 millones. El MEDE (fondo de rescates) pondrá 58 000 millones y el FMI los 16 000 restantes.

Falta encontrar algo más de 6000 millones de euros para pagar el 20 de julio un vencimiento al BCE de 4200 millones y cerrar el impago del 30 de junio de casi 1600 millones al FMI. Ese dinero, decía anoche la agencia AFP, podría venir a través de préstamos bilaterales. Francia ya habría mostrado su disposición a participar.

El viernes hubo buenas palabras para Atenas. París, Roma y la socialdemocracia alemana aplaudieron el plan, así como Washington. Francia dijo que «es una propuesta seria y creíble».

El ministro de Finanzas Euclides Tsakalotos explicó a los diputados que, pese al ajuste, había que mirar el plan en conjunto porque conllevaría algún tipo de reestructuración de deuda. El primer ministro griego, Alexis Tsipras, intentó ganarse a los diputados con su sinceridad. Dijo que el acuerdo no es bueno pero es el mejor que podía conseguir, les pidió unidad –»hemos llegado hasta aquí todos juntos; continuamos juntos o nos vamos juntos»– y aseguró que si se logra reestructurar la deuda, Grecia empezará a sacar la cabeza del pozo.

Tsipras reconoció que el acuerdo es «difícil» y que no cumple con todas sus promesas electorales. Admitió haber cometido «errores», pero dijo que había hecho «todo lo humanamente posible».

Berlín y los países más cercanos a sus tesis aún desconfían del gobierno griego. En las instituciones europeas, deseosas de poner fin a meses de crisis, hay ganas de cerrar ya el acuerdo, pero podría haber problemas si el ministro de Finanzas alemán Wolfgang Schäuble decide que es su última oportunidad para expulsar a Grecia del euro. Schäuble podría arrastrar consigo a países como Eslovaquia, Finlandia y las tres repúblicas bálticas. En 2012, cuando se aprobó el segundo rescate, ya lo intentó. Entonces Angela Merkel lo frenó.