Expresidentes en la picota (y II)

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También vinimos a visitar a Leopoldo López, no lo pudimos ver. Ratificamos que su detención no tiene justificación. Es importante que en una democracia exista respeto por las minorías y la oposición. Los valores de libertad y derechos humanos son universales. La unidad, es la fortaleza de la oposición. Hoy, ha llegado el tiempo de soñar con una Venezuela libre, respetuosa y democrática…».
Felipe Calderón señaló: «En la América Latina se construyen muros que aíslan a los pueblos, como el que actualmente vive el bravo pueblo venezolano. Ustedes sufren porque tienen hambre, porque hay desabastecimiento, por los precios, porque el dinero no les alcanza, porque no encuentran las medicinas. Justamente, con ustedes vine a solidarizarme. No deben rendirse, la libertad viene y está cerca. Adelante Venezuela…». Oscar Arias, en su carta sostuvo: «Estamos frente a una verdadera coyuntura histórica. Nos corresponde a todos colaborar para que ocurra un cambio, y ocurra en forma pacífica. La prioridad no debe ser remover a una persona específica. Ese error se ha cometido en otros países derrocando líderes cuya salida no tuvo el efecto sobre la situación real. Lo que es indispensable es restablecer el Estado de Derecho, y la separación de los poderes. Lo que es indispensable es abandonar la perversa intromisión de las Fuerzas Armadas en la vida civil…».
Las circunstancias venezolanas se ven desde el exterior con mayor objetividad, pero sin percibirse su inmensa gravedad. Los expresidentes mantienen que el camino debe ser constitucional. Yo también lo creo. La experiencia venezolana nos muestra que las rupturas históricas siempre tienen un gran costo, pero es necesario reconocer que Nicolás Maduro no busca crear las condiciones requeridas para fortalecer una solución constitucional. Su prédica permanente de violencia así lo indica. Dolorosamente, no entiende la gravedad de lo que ocurre: Venezuela está quebrada. El régimen chavista no es capaz de enfrentar esta inmensa crisis. Su ortodoxia comunista en materia económica, el despilfarro, la corrupción y el populismo lo impiden totalmente. Las últimas medidas así lo ratifican. Mantener la tesis de la guerra económica y crear unos estados mayores regionales, constituidos por civiles y militares, muestra lo equivocado de su percepción. De ampliarse la crisis económica y continuar la escasez estaremos a un paso de un grave enfrentamiento nacional.
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