Fanáticos de La Vinotinto no quieren gastar mucho

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«El fútbol es una de las siete maravillas del mundo», dijo José Vilarte, amante del deporte, quien se encontraba en el Centro Total de Entretenimiento (CTE) Cachamay, en Puerto Ordaz, tratando de adquirir dos entradas para disfrutar del juego amistoso entre Venezuela y Honduras.

Esta vez, el escenario deportivo más vistoso de la ciudad fue escogido para celebrar uno de los encuentros deportivos más esperados, por lo que las autoridades regionales afinan los detalles para recibir a los jugadores, pero especialmente a quienes vienen de otras ciudades a entretenerse y a comercializar.

Sin importar la tan sonada «crisis», son muchos los que viajan acompañados de sus familiares con el objetivo de ocupar algún asiento de la tribuna del CTE y dejarse llevar por la pasión Vinotinto. Pero más allá de eso, para dejarse cautivar por el tricolor nacional, que une a la población sin distingo de ningún tipo.

En vista del fervor generado, algunos sectores amanecieron repletos de vendedores, tanto en Puerto Ordaz como en San Félix, quienes se ubicaron en puntos estratégicos para poder vender camisas, abrigos, gorras, chapas, pitos y cornetas de ambos países. Los alrededores del CTE Cachamay no escaparon de esta realidad.

VENTAS FLOJAS
Por un lado, comerciantes señalaron que a pesar de que el partido ha sido promocionado por los diferentes medios de comunicación, la expectativa de compradores ha sido «muy baja», en comparación con años anteriores. Magdalena Barboza, vendedora, comentó que «la crisis económica ha hecho que muchas personas no puedan asistir al estadio, y mucho menos, comprar algún detalle».

Barboza tomó de manera arbitraria dos palmeras y con una soga amarrada a ambos lados, colocó su mercancía, encomendada a Dios; para que le permita recuperar lo invertido y generar ingresos, con el propósito de ayudar a su familia. La fémina, sin importar el inclemente sol guayanés, narró que «los clientes observan la mercancía, comparan precios con otros negocios y luego se marchan».

Bajo una sombrilla playera, observaba cada movimiento de los conductores que iban estacionándose y con una voz muy sutil, trataba de engancharlos. «¡Ay hijo! hay que moverse porque la cosa está muy dura», decía.

«DE CARACAS PA’ GUAYANA»
Aunque algunos comerciantes son nativos de la región, otros pasan hasta más de 12 horas en una unidad de viaje para poder llegar a la tierra del oro. Tal es el caso de Eduard Arismesti, caraqueño, quien invirtió y viajó junto a dos amigos para vender durante la actividad. «Más hemos gastado en hospedaje y almuerzo, que en lo que hemos ganado», lamentó.

Según Arismesti, los precios se han disparado en un 300 y 400 por ciento, porque «la mercancía está llegando del extranjero, cayéndonos todo el peso encima». Una camisa importada de cualquier talla de La Vinotinto cuesta alrededor de cinco mil bolívares, en cambio, una nacional cuesta tres mil 500. «La ganga no existe, porque sales perdiendo», acotó el visitante.

«LA MASA NO ESTÁ PA’ BOLLO»
Andrés González, estudiante, describió el juego amistoso como «una fiebre futbolística» que llevan los aficionados a este deporte. «Anteriormente, se veían las gradas full, no sé cómo sería en esta ocasión porque la masa no está pa’ bollo».

Cuatro entradas populares para un grupo familiar cuestan 3 mil doscientos bolívares, las VIP tienen un valor de 2 mil bolívares cada una. Sin embargo, algunos fanáticos confirmaron «la escasez en la venta de boletos», razón por la cual han tomado la decisión de adquirirlas en el «mercado negro» para poder asistir al evento.

Los revendedores las ofertan en las redes sociales a precios muy elevados y los insultos con palabras obscenas se hacen notar inmediatamente», pero es decisión de cada quien comprarlas o no. Daniel González, fanático, narró que la venta irregular se debe a que siempre han existido «los chanchullos», que hacen un daño a la colectividad. Fuese diferente si los aficionados no cayeran en este juego e ignoraran a los «estafadores».

VARIEDAD A LA VISTA
Mientras tanto, los vendedores esperan que en lo que resta de días, antes del 8 de septiembre cuando se efectuará el segundo juego de la selección venezolana, puedan vender la mercancía. Cada vendedor hace su oferta, regatea y decide cómo negociar con el comprador, sin embargo, los precios no tienen mucha diferencia entre un puesto y otro: gorras Bs 500, pitos Bs 200, collares Bs 300 y bufandas Bs 1500. Otros artículos están a la venta, pero en pocas cantidades