Flores recordó jugar por amor al club

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Cuarenta y ocho horas antes, las lágrimas de Wilmer Flores plasmaron el grado de tensión que vive un pelotero ante la cachetada que significa un brusco cambio de equipo. El venezolano revivió la mística de jugar por la camiseta.

El infielder venezolano de los Mets de Nueva York encarnó mejor que nadie la agitada semana previa al cierre del mercado de traspasos sin restricciones.

Protagonista del que se debe considerar como el mejor cambio que no se concretó, Flores bateó el viernes el jonrón en la parte baja del duodécimo inning para una victoria 2-1 sobre los Nacionales de Washington, el equipo al que los Mets persiguen por el banderín en el Este de la Liga Nacional.

El episodio de Flores el miércoles en el Citi Field indicó que el factor humano siempre está latente. No siempre se puede reaccionar de forma estoica, y cuando se trata de alguien que firmó con la organización a los 16 años, el equipo de toda su vida.

El venezolano fue tal vez el último en enterarse que circulaban versiones de que no había sido transferido a Milwaukee por Gómez, y se quebró a llorar cuando lo supo de fanáticos en pleno juego. El canje fue abortado a último momento, los Mets habrían descubierto una dolencia en una de las caderas de Gómez.

Al final de cuentas, el bate que los Mets obtuvieron para encarar los últimos dos meses de la temporada regular fue el de Yoenis Céspedes, sin tener que desprenderse de Flores. Al acercarse al plato tras su jonrón decisivo, Flores entendió mejor que nadie la magnitud del momento, arrojando su casco por los aires y dándose golpes al pecho antes de ser recibido en el plato por sus compañeros.