Fruta milagrosa al rescate de pacientes de cáncer

Mientras más quimioterapia recibía Monica Faison-Finch, menos le funcionaban las papilas gustativas.

0
565

El agua le sabía a monedas oxidadas; la pizza de pepperoni, a cartulina metálica.

Mientras más quimioterapia recibía Monica Faison-Finch, menos le funcionaban las papilas gustativas. Con el tiempo se puso más y más delgada, a medida que su apetito disminuía. Todo lo que su lengua tocaba le resultaba completamente insípido.

Pero de pronto ocurrió un milagro.

“Cuando probé la fruta milagrosa antes de comer mi vida cambió por completo”, dijo Faison-Finch, quien estaba recibiendo tratamiento por cáncer del cuello del útero. “Fue la primera vez que sentí el sabor de la comida en alrededor de cinco o seis semanas. Fue como si estuviera comiendo por primera vez”.

La fruta milagrosa, Synsepalum dulcificum, que crece en un árbol de poca altura y de color esmeralda, es una baya roja oriunda de Ghana. Desde hace siglos se sabe que comer esa diminuta fruta tropical, del tamaño de un jelly bean grande, afecta el sabor de lo que se come. Los científicos dicen que la fruta afecta los receptores del gusto en la lengua. Después de comer una sola baya, el sabor de la comida que la persona ingiere en la siguiente hora cobra una potencia inesperada.

Después de comer solo una baya, el sabor de la comida se resalta con fuerza.

Los limones saben a limonada, las fresas, a fresas.

Erik y Kris Tietig, hermanos que viven en Homestead y son propietarios de la finca Miracle Fruit Farm en Redland, en el sur de Dade, han donado frutas milagrosas por valor de cientos de miles de dólares a pacientes de cáncer en hospitales de la localidad, organizaciones caritativas e institutos universitarios de investigaciones desde 1999.

Con el paso de los años, a medida que la fruta se hizo más popular, más personas empezaron a solicitarla, y los pedidos resultaron demasiados para poderlos manejar. Fue entonces que los hermanos, quienes se criaron en la finca de sus padres, Pine Island Nursery, crearon una finca aparte para cultivar, vender y donar la fruta en mayores cantidades.

“Nos llaman y nos visitan personas que están en uno de los momentos más duros de sus vidas”, dijo Erik Tietig, de 40 años. “Cuando podemos ayudarlos con la fruta milagrosa, que les permite enmascarar esa sensación metálica del sabor y disfrutar de verdad una comida, es una pequeña victoria”.

La fruta no tiene mucho valor nutritivo. Lo que la hace especial es una glicoproteína llamada miraculina, que oculta los sabores indeseados e intensifica el sabor natural de los alimentos.

“Una de las quejas más comunes que recibimos de nuestros pacientes es el sabor metálico fuerte que sienten en la boca cuando se someten a tratamiento”, dijo el Dr. Mike Cusnir, director de Medicina del centro oncológico Mount Sinai Comprehensive Cancer Center, en Miami Beach.

Cusnir dijo que uno de sus pacientes le dio a conocer la fruta en su consulta. Dijo que se sentía estupefacto de que los investigadores no estuvieran haciendo mucho con la revelación de que la fruta puede mejorar el gusto, “lo que ha sido una queja común de nuestros pacientes durante décadas”.

Luego de perder a un familiar a causa del cáncer varios años atrás, los Tietig se decidieron a ayudar a las personas a combatir la enfermedad. Se enfrentaron con la realidad de que los pacientes sufren a menudo fuertes náuseas y no quieren comer nada, y como resultado pierden mucho peso.

“La fruta milagrosa no es una moda. No cura el cáncer y ni siquiera sirve para prevenir el cáncer”, dijo Erik Tietig. “Lo que sí hace es aliviar una de los terribles efectos secundarios de la quimioterapia de una manera real e inmediato”.

Aunque la familia Tietig ha estado donando la fruta milagrosa de Pine Island Nursery desde 1999, Miracle Fruit Farm comenzó a operar en el 2012.

“La gente sabía que la teníamos porque la voz se iba corriendo, pero con el paso de los años pasamos de personas que venían a vernos una docena de veces al año, a docenas de personas todos los días”, dijo Erik Tietig.

La finca está ubicada en Redland, el distrito agrícola del Condado Miami-Dade. Los Tietig pidieron que no se revelara la ubicación exacta.

La finca familiar cultiva, empaca y envía la fruta cuatro veces a la semana a clientes tanto minoristas como mayoristas.

En estos momentos, la finca cuenta con unos 7,000 árboles. En enero se plantarán otros 7,000 árboles de fruta milagrosa.

Las bayas, que crecen todo el año, se venden entre 50 centavos y $1 cada una. La mayor parte de la producción de la granja se dona.

“La fruta está a la venta porque es la fuente principal de negocios e ingresos de la finca”, dijo Erik Tietig, quien agrega que constantemente dona fruta a hospitales, centros oncológicos y universidades locales. Este año, entre los beneficiarios estuvieron la Universidad de la Florida, el Instituto del Cáncer de Miami y Soroptimist of Homestead, organización internacional que ayuda a mujeres y niñas necesitadas. Algunos sistemas de hospitales de la localidad han recibido cantidades de fruta por valor de cientos de miles de dólares para sus pacientes.

“El objetivo de la atención al cáncer es más bien añadir vida a los años que años de vida”, dijo Cusnir. “Cualquier cosa que podamos hacer para mantener la calidad de la vida del paciente, para que pueda mantenerse en tratamiento, es beneficioso, así que es una situación en la que no hay nada que perder y mucho que ganar”.

El objetivo del tratamiento contra el cáncer es agregar vida a los años, más que años de vida. Dr. Mike Cusnir, Mount Sinai Comprehensive Cancer Center.

Pero las cosas no han sido tan fáciles.

Debido a que la fruta es difícil de cosechar, a los hermanos les tomó años descubrir la manera de producirla en grandes cantidades.

“La fruta se echa a perder entre uno y tres días después que se recoge del árbol. La mayoría de los cultivadores le dan de lado porque no tiene viabilidad comercial y es altamente perecedera. Como consecuencia, a los pacientes se les hacía muy difícil conseguirla”, dijo Erik Tietig.

“Uno no se da cuenta de lo importante que es la comida hasta que pierdes el sabor. Y la fruta milagrosa tiene la capacidad de devolverte eso. Estábamos decididos”.

Empeñados en hacerlo posible, los hermanos invirtieron su propio dinero y crearon Miracle Fruit Farms.

Después de años de investigaciones e intentos, los hermanos encontraron una manera de conseguir que la planta madure más rápido, proceso que mantienen en secreto.

“Aprendimos que podíamos cultivarlas a partir de tejido tomado de otros árboles”, dijo Tietig. “Desarrollamos maneras de clonarlas sin alterar su ADN, y luego las cultivamos en un ambiente controlado”.

En los últimos seis meses, los hermanos sacaron a la venta incluso pastillas de la fruta milagrosa.

Su éxito en traer la fruta al sur de la Florida ha roto barreras. Los pacientes de cáncer adoran la fruta y afirman que les ha dado nueva vida durante sus momentos más difíciles.

Faison-Finch pudo tolerar de nuevo el olor de la comida; su esposo ya no tuvo que cocinar afuera de la casa.

Lynne Guadamuz, vecina de Homestead, dijo que pudo beber agua e ingerir los nutrientes que necesitaba.

Carol Sheppo, de Vero Beach, dijo que el espagueti con albóndigas le sabe de nuevo a lo que tienen que saber: a espagueti con albóndigas.

“Me abrió de nuevo todo el sabor de la comida, y la vida”, dijo Sheppo.