Guyaneses comprometidos con el desarrollo de Venezuela

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«Yo me quedó en Venezuela porque yo soy optimista»… Es una famosa canción que describe todas las potencialidades y riquezas que posee cada uno de los rincones que la conforman, recordando cómo en la década de los setenta, era una nación potencial en desarrollo productivo, financiero, económico e industrial, atractiva para los ciudadanos provenientes de diferentes países que buscaban obtener una mejor calidad de vida.

Personas originarias de México, Chile, Colombia, Perú, Estados Unidos, Brasil y en especial Guyana, pisaban los diferentes aeropuertos o pasaban largas horas en barcos con el objetivo de llegar a estas tierras, muchos de ellos escogiendo a Ciudad Guayana, reconocida como una población con alto nivel económico debido al descubrimiento de grandes yacimientos minerales y sus potenciales empresas básicas.

Por el Este, la región recibió a miles de inmigrantes guyaneses, quienes huían de la crisis sociopolítica que se vivía en aquella época, siendo el sector San José de Cacahual, ubicado en San Félix, la primera comunidad de origen extranjero que recibió el calor de la mezcla cultural.

Actualmente, con más de 40 años de fundada, San José de Cacahual se encuentra poblada en un 80 % de extranjeros originarios de Guyana que conviven dentro de la comunidad con venezolanos y otros foráneos.

La mayoría de los habitantes entraron al país cruzando ilegalmente el Océano Pacífico; y a pesar de tener décadas viviendo en la región, aún no son reconocidos legalmente por las autoridades venezolanas, temiendo una posible deportación, manifestando su descontento porque no han activado un operativo de cedulación que pueda beneficiar a todos los afectados.

COMO EN CASA

Sin importar las diferentes odiseas que les ha tocado vivir, gran parte de los guyaneses aseguran sentirse cómodos y satisfechos con los objetivos que se han propuesto, puesto que la mayoría logró formar una familia y hasta encontrar trabajos en empresas privadas, recibiendo ese calor humano que caracteriza a los venezolanos, llegando incluso a sentir que esta es su verdadera casa.

AUTORIDADES BRILLAN POR SU ASUENCIA

Los inmigrantes comentaron que hasta el momento no conocen sobre alguna autoridad del vecino país radicada en la ciudad, puesto que la embajada queda en Caracas, lo que supone que al momento de ellos tener un problema se les dificulte enormemente la tarea, añadiendo a su vez la rotunda negatividad por parte de los funcionarios del estado, para acreditarlos con los papeles reglamentarios que les permita obtener los beneficios estipulados en las leyes venezolanas.

NO ME VOY DE VENEZUELA

Locatarios añadieron que sin importar la fuerte crisis económica y alimentaria, siguen en pie de lucha hasta que se tomen las medidas necesarias para superar el flagelo, debido a que en décadas anteriores, la nación les dio la oportunidad de levantarse y darles de comer a sus familias.

Kelly Persaud declaró que «aunque no soy legalmente reconocida en este país, amo y defiendo cada logro y derrota, puesto que nos enseñan a ser mejores seres humanos cada día».

RELACIÓN BILATERAL

Residentes comentaron que la disputa de la zona en reclamación por parte del estado venezolano proviene desde hace aproximadamente 100 años, haciendo resaltar que allí existe actualmente una mezcla de diversidad cultural, dentro del cual los venezolanos también forman parte y conviven recibiendo los mismos beneficios.

Akash Motiram, señaló que «entre ambos gobiernos tiene que existir una mesa de diálogo que permita definir la posible solución para el beneficio de todos».