¿Hacia dónde va el mundo?

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¿Se puede saber cuál comportamiento tendrá el individuo, los grupos sociales, y las naciones de todo el mundo, en los tiempos que vivimos y vendrán?.


Sí se puede, si creemos en la Santa Palabra de Dios, veráz e incontrovertible, la que a través de los siglos, se ha cumplido cabalmente, en todo lo revelado.

Fíjense en éste perfil psicológico, contenido en la segunda carta del Apóstol Pablo a Timoteo, en su capítulo tres, versículo dos. «Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites, más bien que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella».

Los hombres malos e impostores, irán de mal en peor, engañando y siendo engañados.

Ese cuadro descrito en la Santa Palabra de Dios, es un anuncio dramático que está en la base de todos los sucesos, que en el orden social, familiar, económico y político, se están viviendo hoy, ya que se han perdido los valores que existían fundamentalmente, en las familias tradicionales, donde se levantaban los hijos y otros miembros de la misma, practicándolos, apoyándose, en los buenos ejemplos, que arraigaban las buenas costumbres.

Un código moral familiar, estructuraba ese orden interno, que los hijos heredaban y transmitían a todas las generaciones.

El respeto, la obediencia, la solidaridad, el altruísmo, la fidelidad, la moderación, la verdad, el autocontrol, la piedad, la gratitud, la humildad, la modestia, el honor, la valentía, la laboriosidad, eran una guirnalda de joyas, que adornaban a los miembros de una comunidad, integrada por individuos,  herederos de una familia, que a su vez están en la base de nuestra Constitución.

Todo lo que estamos presenciando, en cuanto a una descomposición social, tiene su base, en la pérdida de esos valores y algunas leyes han asumido posturas, que tratando de corregir ciertos abusos contra determinados individuos, como las mujeres, los niños, niñas y adolescentes, ancianos, han exagerado el alcance de la corrección y han caído en el irrespeto y la pérdida de algunos valores como la obediencia y la autoridad, consagrando la desobediencia civil y el irrespeto a las autoridades (gobierno, padres y maestros). La sobreprotección y la desautorización, no han dado lugar al mejoramiento de la sociedad.

En nombre de la libertad, se llega al libertinaje, se atropellan y destruyen bienes y personas. Con la desobediencia a las leyes, se llega al desorden, la anarquía y el caos, hasta se irrespetan los símbolos patrios y sus héroes. Con el fraude y la mentira se confunde a las masas y se las lleva, a decisiones equivocadas, que les resulta en pérdida de su propia dignidad y hasta la vida.

La búsqueda de riquezas, impulsa acciones contra los patrimonios públicos y privados; nación contra nación y reino contra reino. Se agrede impunemente a naciones enteras, sin respetar en lo más mínimo los derechos humanos. Se pisotean las leyes internacionales y se impone la arbitrariedad por la fuerza y el abuso.

Es el imperio de la barbarie versus la civilización. No sabemos en cuál estadio está el mundo hacia su fin definitivo, pero la carrera que lleva es imparable. Tomemos conciencia. Prendamos las alarmas. Despertemos, vigilemos y actuemos en consecuencia.

¡Oh Padre!. Hemos fracasado en el cultivo y administración de los dones y bienes que nos regalaste para un mejor vivir. Perdona nuestras desobediencias e iniquidades; extiende tu misericordia para remediar los males y cumplir tu voluntad. Gracias y Gloria a tu Nombre.

Edilia Mata Rodulfo

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